| II-II q. 4 pr. (arriba) | |
ProemioDe la virtud misma de la fe.Al tratar de este tema lo haremos: 1º De la fe misma; 2º De los que tienen fe; 3º De la causa de la fe; 4º De sus efectos. Lo primero será objeto de ocho artículos: 1º ¿Qué es la fe? 2º ¿En qué potencia del alma reside como en su sujeto? 3º ¿La forma de la fe es la caridad? 4º ¿La fe formada y la fe informe es la misma numéricamente? 5º ¿La fe es una virtud? 6º ¿Es una virtud única? 7º Su relación con las virtudes. 8º Comparación de su certeza con la certeza de las virtudes intelectuales. |
ProoemiumDe ipsa fidei virtuteDeinde considerandum est de ipsa fidei virtute. Et primo quidem, de ipsa fide; secundo, de habentibus fidem; tertio, de causa fidei; quarto, de effectibus eius. Circa primum quaeruntur octo. Primo, quid sit fides. Secundo, in qua vi animae sit sicut in subiecto. Tertio, utrum forma eius sit caritas. Quarto, utrum eadem numero sit fides formata et informis. Quinto, utrum fides sit virtus. Sexto, utrum sit una virtus. Septimo, de ordine eius ad alias virtutes. Octavo, de comparatione certitudinis eius ad certitudinem virtutum intellectualium. |
| II-II q. 4 a. 1 arg. 1 (arriba) | |
Artículo 1:¿Es competente esta definición de la fe: la fe es la sustancia de las cosas que se deben esperar y un argumento de las que no aparecen?Parece que es incompleta la definición de la fe que el Apóstol da, (Hb 11,1) cuando dice: Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, argumento de las cosas que no aparecen; porque ninguna cualidad es una sustancia. Es así que la fe es una cualidad, pues que es una virtud teologal, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 62, a. 3); luego no es una sustancia. |
Articulus 1:Utrum haec sit competens fidei definitio: ¨Fides est substantia sperandarum rerum, argumentum non apparentium¨Ad primum sic proceditur. Videtur quod sit incompetens fidei definitio quam apostolus ponit, ad Heb. XI, dicens, est autem fides substantia sperandarum rerum, argumentum non apparentium. Nulla enim qualitas est substantia. Sed fides est qualitas, cum sit virtus theologica, ut supra dictum est. Ergo non est substantia. |
| II-II q. 4 a. 1 arg. 2 (arriba) | |
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Los objetos de diversas virtudes son diversos: pero la cosa que debe esperarse es el objeto de la esperanza. Luego no debe hacerse entrar en la definición de la fe, como su objeto. |
Praeterea, diversarum virtutum diversa sunt obiecta. Sed res speranda est obiectum spei. Non ergo debet poni in definitione fidei tanquam eius obiectum. |
| II-II q. 4 a. 1 arg. 3 (arriba) | |
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La fe se perfecciona más por la caridad que por la esperanza; puesto que la caridad es la forma de la fe, como se hará ver más adelante (S. Th. II-II, q. 4, a. 3). Luego más debe entrar en la definición de la fe, la cosa que debe amarse, que la que debe esperarse. |
Praeterea, fides magis perficitur per caritatem quam per spem, quia caritas est forma fidei, ut infra dicetur. Magis ergo poni debuit in definitione fidei res diligenda quam res speranda. |
| II-II q. 4 a. 1 arg. 4 (arriba) | |
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La misma cosa no debe enumerarse en géneros diferentes. Pero la sustancia y el argumento son géneros diversos que no están subordinados el uno al otro. Luego inconvenientemente se dice que la fe es sustancia y argumento. En su consecuencia se describe inconvenientemente la fe. |
Praeterea, idem non debet poni in diversis generibus. Sed substantia et argumentum sunt diversa genera non subalternatim posita. Ergo inconvenienter fides dicitur esse substantia et argumentum. |
| II-II q. 4 a. 1 arg. 5 (arriba) | |
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Por medio del argumento se pone de manifiesto la verdad de aquello para que se aduce. Pero se dice ser aparente aquello cuya verdad es manifiesta. Luego parece que hay contradicción al decir: argumento de las cosas que no aparecen; puesto que el argumento hace que la cosa que antes no aparecía, aparezca después. De consiguiente está mal dicho: De las cosas que no aparecen. Luego se describe inconvenientemente la fe. |
Praeterea, per argumentum veritas manifestatur eius ad quod inducitur argumentum. Sed illud dicitur esse apparens cuius veritas est manifestata. Ergo videtur implicari oppositio in hoc quod dicitur argumentum non apparentium. Inconvenienter ergo describitur fides. |
| II-II q. 4 a. 1 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario, basta la autoridad de San Pablo en este asunto. |
In contrarium sufficit auctoritas apostoli. |
| II-II q. 4 a. 1 co. (arriba) | |
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Responderemos que, aunque algunos digan que las predichas palabras del Apóstol no son la definición de la fe, puesto que la definición indica la quididad y esencia de la cosa, como se ve (Met. l. 6, t. 19), sin embargo, si alguno considera rectamente todas las cosas por las cuales puede definirse la fe, ve que están incluidas en la predicha descripción, aunque las palabras no tengan la forma de definición; como ven los filósofos los principios de los silogismos, aunque se omita la forma silogística. Para evidenciar esto, hay que considerar que, conociéndose los hábitos, por los actos, y estos por los objetos; siendo la fe un hábito, debe ser definida por el acto propio que está en relación con su propio objeto. Pero el acto de la fe es creer como se ha dicho (S. Th. II-II, q. 2, a. 2 y S. Th. II-II, q. 2, a. 3), y creer es un acto del entendimiento determinado a una cosa por imperio de la voluntad. Así pues el acto de la fe se ordena al objeto de la voluntad, que es el bien y el fin, y al objeto del entendimiento, que es lo verdadero. Y puesto que la fe, siendo una virtud teologal, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 92, a. 3), tiene la misma cosa por objeto y fin, es necesario que el objeto y fin de la fe se correspondan proporcionalmente. Mas se ha dicho (S. Th. II-II, q. 1, a. 1 y S. Th. II-II, q. 1, a. 4) que la verdad primera es el objeto-de la fe, según que ella no es vista ni tampoco las cosas a las que por ella nos adherimos; y en este concepto es preciso que la verdad primera se refiera al acto de la fe por modo de fin según la razón de la cosa no vista, lo cual pertenece a la razón de la cosa esperada, según aquello (Rm 8,25): Lo que no vemos esperamos; porque ver la verdad es poseerla. Y como nadie espera lo que ya posee, sino que la esperanza es de lo que no se tiene, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 67, a. 4), se sigue que la relación del acto de la fe al fin, que es el objeto de la voluntad, se significa por estas palabras: La fe es la sustancia de las cosas que se deben esperar, porque se acostumbra a llamar sustancia al primer principio de cada cosa y máxime, cuando toda la cosa siguiente está contenida virtualmente en el primer principio; como si dijéramos que los primeros principios indemostrables son la sustancia de la ciencia; puesto que lo primero que poseemos en la ciencia son los primeros principios y en ellos está contenida virtualmente toda la ciencia. Luego del mismo modo se dice que la fe, es la sustancia de las cosas que se deben esperar; esto es, porque el primer principio de las cosas que se deben esperar reside en nosotros por el asentimiento de la fe, que contiene virtualmente todo lo que debe ser el objeto de nuestra esperanza; puesto que esperamos ser dichosos, precisamente porque esperamos ver claramente la verdad a la que nos adherimos por la fe, como lo prueba lo que se ha dicho sobre la felicidad (S. Th. I-II, q. 3, a. 8 y S. Th. I-II, q. 4, a. 3). En cuanto a la relación del acto de la fe con el objeto del entendimiento, según que es el objeto de la fe, se encuentra designada por estas palabras: El argumento de las cosas que no aparecen; y se toma aquí la palabra argumentum por su efecto, pues por el argumento es inducido el entendimiento a prestar su adhesión a algo verdadero; por consiguiente la misma firme adhesión del entendimiento a la verdad de la fe que no aparece se llama aquí argumentum. Hay otras versiones en las que se emplea la palabra convicción, como se lee (Aug. tract. 79, in Joan); porque el entendimiento del que cree es convencido por la autoridad divina para dar su asentimiento a las cosas que no ve. Luego si alguno quisiese dar a estas palabras la forma de definición, podría decir que “la fe es un hábito del espíritu, por el que comienza la vida eterna en nosotros, haciendo que el entendimiento asienta a las cosas que no aparecen”. Por esto pues se distingue la fe de todas las demás virtudes que pertenecen al entendimiento; y por esto que se dice argumentum, se distingue la fe de la opinión, suposición y duda, por las que no hay adhesión firme del entendimiento a cosa alguna; pero al decir: de las cosas que no aparecen, la fe se distingue de la ciencia y del entendimiento por los que se hace algo aparente; y finalmente, cuando se dice: la sustancia de las cosas que se deben esperar, se distingue la virtud de la fe, de la fe tomada en general, la cual no se ordena a la bienaventuranza que se espera. Por otra parte, todas las demás definiciones que se dan de la fe, cualesquiera que sean, son explicaciones de esta del Apóstol; porque lo que dice San Agustín (tract. 40 in Joan y C. evang. l. 2, C. 39): La fe es una virtud por la que se cree lo que no se ve; lo que dice San Juan Damasceno (Orth. fid, l. 4, c. 12), que la fe es un consentimiento no inquisitivo; y lo que otros dicen que la fe es una certeza del alma sobre las cosas ausentes, superior a la opinión e inferior a la ciencia, es lo mismo que lo que dice el Apóstol: El argumento de las cosas que no aparecen. Lo que dice Dionisio (De div. nom. c. 7, lect. 5), que la fe es el fundamento firme de los que creen, que los coloca en la verdad y que en ellos la manifiesta, es igual a lo que se dice: La sustancia de las cosas que se deben esperar. |
Respondeo dicendum quod, licet quidam dicant praedicta apostoli verba non esse fidei definitionem, tamen, si quis recte consideret, omnia ex quibus fides potest definiri in praedicta descriptione tanguntur, licet verba non ordinentur sub forma definitionis, sicut etiam apud philosophos praetermissa syllogistica forma syllogismorum principia tanguntur. Ad cuius evidentiam considerandum est quod, cum habitus cognoscantur per actus et actus per obiecta, fides, cum sit habitus quidam, debet definiri per proprium actum in comparatione ad proprium obiectum. Actus autem fidei est credere, qui, sicut supra dictum est, actus est intellectus determinati ad unum ex imperio voluntatis. Sic ergo actus fidei habet ordinem et ad obiectum voluntatis, quod est bonum et finis; et ad obiectum intellectus, quod est verum. Et quia fides, cum sit virtus theologica, sicut supra dictum est, habet idem pro obiecto et fine, necesse est quod obiectum fidei et finis proportionaliter sibi correspondeant. Dictum est autem supra quod veritas prima est obiectum fidei secundum quod ipsa est non visa et ea quibus propter ipsam inhaeretur. Et secundum hoc oportet quod ipsa veritas prima se habeat ad actum fidei per modum finis secundum rationem rei non visae. Quod pertinet ad rationem rei speratae, secundum illud apostoli, ad Rom. VIII, quod non videmus speramus, veritatem enim videre est ipsam habere; non autem sperat aliquis id quod iam habet, sed spes est de hoc quod non habetur, ut supra dictum est. Sic igitur habitudo actus fidei ad finem, qui est obiectum voluntatis, significatur in hoc quod dicitur, fides est substantia rerum sperandarum. Substantia enim solet dici prima inchoatio cuiuscumque rei, et maxime quando tota res sequens continetur virtute in primo principio, puta si dicamus quod prima principia indemonstrabilia sunt substantia scientiae, quia scilicet primum quod in nobis est de scientia sunt huiusmodi principia, et in eis virtute continetur tota scientia. Per hunc ergo modum dicitur fides esse substantia rerum sperandarum, quia scilicet prima inchoatio rerum sperandarum in nobis est per assensum fidei, quae virtute continet omnes res sperandas. In hoc enim speramus beatificari quod videbimus aperta visione veritatem cui per fidem adhaeremus, ut patet per ea quae supra de felicitate dicta sunt. Habitudo autem actus fidei ad obiectum intellectus, secundum quod est obiectum fidei, designatur in hoc quod dicitur, argumentum non apparentium. Et sumitur argumentum pro argumenti effectu, per argumentum enim intellectus inducitur ad adhaerendum alicui vero; unde ipsa firma adhaesio intellectus ad veritatem fidei non apparentem vocatur hic argumentum. Unde alia littera habet convictio, quia scilicet per auctoritatem divinam intellectus credentis convincitur ad assentiendum his quae non videt. Si quis ergo in formam definitionis huiusmodi verba reducere velit, potest dicere quod fides est habitus mentis, qua inchoatur vita aeterna in nobis, faciens intellectum assentire non apparentibus. Per hoc autem fides ab omnibus aliis distinguitur quae ad intellectum pertinent. Per hoc enim quod dicitur argumentum, distinguitur fides ab opinione, suspicione et dubitatione, per quae non est prima adhaesio intellectus firma ad aliquid. Per hoc autem quod dicitur non apparentium, distinguitur fides a scientia et intellectu, per quae aliquid fit apparens. Per hoc autem quod dicitur substantia sperandarum rerum, distinguitur virtus fidei a fide communiter sumpta, quae non ordinatur ad beatitudinem speratam. Omnes autem aliae definitiones quaecumque de fide dantur, explicationes sunt huius quam apostolus ponit. Quod enim dicit Augustinus, fides est virtus qua creduntur quae non videntur; et quod dicit Damascenus, quod fides est non inquisitus consensus; et quod alii dicunt, quod fides est certitudo quaedam animi de absentibus supra opinionem et infra scientiam; idem est ei quod apostolus dicit, argumentum non apparentium. Quod vero Dionysius dicit, VII cap. de Div. Nom., quod fides est manens credentium fundamentum, collocans eos in veritate et in ipsis veritatem, idem est ei quod dicitur, substantia sperandarum rerum. |
| II-II q. 4 a. 1 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos que la palabra substantia no se toma aquí según que es género universalísimo, dividido por oposición a otros géneros, sino según que en cualquier género se halla cierta semejanza de sustancia, es decir, según que lo primero en todo género, conteniendo en sí virtualmente los demás, se dice ser sustancia de ellos. |
Ad primum ergo dicendum quod substantia non sumitur hic secundum quod est genus generalissimum contra alia genera divisum, sed secundum quod in quolibet genere invenitur quaedam similitudo substantiae, prout scilicet primum in quolibet genere, continens in se alia virtute, dicitur esse substantia illorum. |
| II-II q. 4 a. 1 ad 2 (arriba) | |
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Al 2° que perteneciendo la fe al entendimiento, según que es imperado por la voluntad, es preciso que se ordene, como a su fin, a los objetos de aquellas virtudes que perfeccionan la voluntad, entre las que se encuentra la esperanza, como lo veremos (S. Th. II-II, q. 18, a. 1). Por consiguiente en la definición de la fe entra el objeto de la esperanza. |
Ad secundum dicendum quod, cum fides pertineat ad intellectum secundum quod imperatur a voluntate, oportet quod ordinetur, sicut ad finem, ad obiecta illarum virtutum quibus perficitur voluntas. Inter quas est spes, ut infra patebit. Et ideo in definitione fidei ponitur obiectum spei. |
| II-II q. 4 a. 1 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que el amor puede tener por objeto las cosas vistas y las no vistas ya presentes ya ausentes, por lo tanto la cosa que debe amarse no se adapta tan propiamente a la fe, como la cosa que debe esperarse, puesto que la esperanza es siempre de cosas ausentes y no vistas. |
Ad tertium dicendum quod dilectio potest esse et visorum et non visorum, et praesentium et absentium. Et ideo res diligenda non ita proprie adaptatur fidei sicut res speranda, cum spes sit semper absentium et non visorum. |
| II-II q. 4 a. 1 ad 4 (arriba) | |
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Al 4º que las palabras substantia y argumentum, según que forman parte de la definición de la fe, no implican diversos géneros de fe ni diversos actos, sino diversas relaciones del mismo acto a objetos diversos, como aparece de lo dicho. |
Ad quartum dicendum quod substantia et argumentum, secundum quod in definitione fidei ponuntur, non important diversa genera fidei neque diversos actus, sed diversas habitudines unius actus ad diversa obiecta, ut ex dictis patet. |
| II-II q. 4 a. 1 ad 5 (arriba) | |
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Al 5º que el argumento que se toma de los principios propios de la cosa, hace que esta sea manifiesta; pero el argumento que se toma de la autoridad divina no hace que la cosa sea en sí aparente; tal argumento entra en la definición de la fe. |
Ad quintum dicendum quod argumentum quod sumitur ex propriis principiis rei facit rem esse apparentem. Sed argumentum quod sumitur ex auctoritate divina non facit rem in se esse apparentem. Et tale argumentum ponitur in definitione fidei. |
| II-II q. 4 a. 2 arg. 1 (arriba) | |
Artículo 2:¿La fe existe en el entendimiento como en su sujeto?Parece que la fe no está en el entendimiento como en su sujeto, porque dice San Agustín (lib. De prædest. sanctorum, implic. c. 5) que la fe consiste en la voluntad de los que creen. Pero la voluntad es una potencia diferente del entendimiento. Luego la fe no reside en el entendimiento como en su sujeto. |
Articulus 2:Utrum fides sit in intellectu sicut in subiectoAd secundum sic proceditur. Videtur quod fides non sit in intellectu sicut in subiecto. Dicit enim Augustinus, in libro de Praed. Sanct., quod fides in credentium voluntate consistit. Sed voluntas est alia potentia ab intellectu. Ergo fides non est in intellectu sicut in subiecto. |
| II-II q. 4 a. 2 arg. 2 (arriba) | |
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El asentimiento de la fe, para creer algo, proviene de la voluntad que obedece a Dios. Luego todo el mérito de la fe, parece que proviene de la obediencia. Y como esta existe en la voluntad, por igual razón también la fe; luego no existe en el entendimiento. |
Praeterea, assensus fidei ad aliquid credendum provenit ex voluntate Deo obediente. Tota ergo laus fidei ex obedientia esse videtur. Sed obedientia est in voluntate. Ergo et fides. Non ergo est in intellectu. |
| II-II q. 4 a. 2 arg. 3 (arriba) | |
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El entendimiento es o especulativo o práctico. Pero la fe no existe en el entendimiento especulativo, pues que nada dice sobre lo que se ha de evitar o huir, como se dice (De an. l. 3, t. 34 y De an. L. 3, t. 46); luego no es el principio de la operación. Pero la fe es la que obra por amor, como se dice (Ga 5,6). Asimismo tampoco existe en el entendimiento práctico, que tiene por objeto lo verdadero contingente que se debe ejecutar o hacer; porque el objeto de la fe es lo verdadero eterno, como consta de lo ya dicho (S. Th. II-II, q. 1, a. 1). Luego la fe no existe en el entendimiento como en su sujeto. |
Praeterea, intellectus est vel speculativus vel practicus. Sed fides non est in intellectu speculativo, qui, cum nihil dicat de imitabili et fugiendo, ut dicitur in III de anima, non est principium operationis, fides autem est quae per dilectionem operatur, ut dicitur ad Gal. V. Similiter etiam nec in intellectu practico, cuius obiectum est verum contingens factibile vel agibile, obiectum enim fidei est verum aeternum, ut ex supradictis patet. Non ergo fides est in intellectu sicut in subiecto. |
| II-II q. 4 a. 2 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario, la visión celestial sucede a la fe, según estas palabras del Apóstol (1 Co 13,12): Ahora vemos como por espejo en oscuridad, pero entonces cara a cara. Es así que la visión existe en el entendimiento. Luego también la fe. |
Sed contra est quod fidei succedit visio patriae, secundum illud I ad Cor. XIII, videmus nunc per speculum in aenigmate, tunc autem facie ad faciem. Sed visio est in intellectu. Ergo et fides. |
| II-II q. 4 a. 2 co. (arriba) | |
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Responderemos, que siendo la fe una virtud, es preciso que su acto sea perfecto. Pero para la perfección del acto que procede de dos principios activos, se requiere que ambos principios sean perfectos; porque no se puede cortar bien a no ser que el que corta posea el arte de esta operación y la sierra con que corta esté bien dispuesta para ello. La disposición a obrar bien en aquellas potencias del alma que se refieren a objetos opuestos, es el hábito (S. Th. I-II, q. 49, a. 4 ad1, S. Th. I-II, q. 49, a. 4, ad. 2 y S. Th. I-II, q. 49, a. 4, ad 3). Por consiguiente es preciso qué el acto que procede de dos potencias de tal naturaleza sea perfeccionado por un hábito preexistente en cada una de ellas. Se ha dicho (S. Th. II-II, q. 2, a. 1 y S. Th. II-II, q. 2, a. 2), que creer es el acto del entendimiento, según que es movido por la voluntad a asentir. Y como tal acto procede de la voluntad y del entendimiento y estas dos potencias deben ser naturalmente perfeccionadas la una y la otra por un hábito, se sigue que para que el acto de fe sea perfecto, es preciso que haya un hábito en la voluntad lo mismo que en el entendimiento, como para que el acto concupiscible sea perfecto es preciso que el hábito de la prudencia se halle en la razón, y el de la templanza en el apetito concupiscible. Mas el creer es inmediatamente acto del entendimiento, puesto que el objeto de este acto es lo verdadero, que pertenece propiamente al entendimiento. Por lo tanto es necesario que la fe que es el principio propio de este acto exista en el entendimiento como en su sujeto. |
Respondeo dicendum quod, cum fides sit quaedam virtus, oportet quod actus eius sit perfectus. Ad perfectionem autem actus qui ex duobus activis principiis procedit requiritur quod utrumque activorum principiorum sit perfectum, non enim potest bene secari nisi et secans habeat artem et serra sit bene disposita ad secandum. Dispositio autem ad bene agendum in illis potentiis animae quae se habent ad opposita est habitus, ut supra dictum est. Et ideo oportet quod actus procedens ex duabus talibus potentiis sit perfectus habitu aliquo praeexistente in utraque potentiarum. Dictum est autem supra quod credere est actus intellectus secundum quod movetur a voluntate ad assentiendum, procedit enim huiusmodi actus et a voluntate et ab intellectu. Quorum uterque natus est per habitum perfici, secundum praedicta. Et ideo oportet quod tam in voluntate sit aliquis habitus quam in intellectu, si debeat actus fidei esse perfectus, sicut etiam ad hoc quod actus concupiscibilis sit perfectus, oportet quod sit habitus prudentiae in ratione et habitus temperantiae in concupiscibili. Credere autem est immediate actus intellectus, quia obiectum huius actus est verum, quod proprie pertinet ad intellectum. Et ideo necesse est quod fides, quae est proprium principium huius actus, sit in intellectu sicut in subiecto. |
| II-II q. 4 a. 2 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos que San Agustín toma la fe por el acto de ella, que se dice consistir en la voluntad de los que creen en cuanto el entendimiento asiente por el imperio de la voluntad a las cosas creíbles. |
Ad primum ergo dicendum quod Augustinus fidem accipit pro actu fidei, qui dicitur consistere in credentium voluntate inquantum ex imperio voluntatis intellectus credibilibus assentit. |
| II-II q. 4 a. 2 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que no solamente es preciso que la voluntad esté dispuesta a obedecer, sino también que el entendimiento lo esté para seguir el imperio de la voluntad; como conviene qué lo concupiscible esté bien dispuesto a recibir el mandato de la razón; y por consiguiente no sólo conviene que el hábito de la virtud esté en la voluntad imperante, sino también en el entendimiento que asiente. |
Ad secundum dicendum quod non solum oportet voluntatem esse promptam ad obediendum, sed etiam intellectum esse bene dispositum ad sequendum imperium voluntatis, sicut oportet concupiscibilem esse bene dispositam ad sequendum imperium rationis. Et ideo non solum oportet esse habitum virtutis in voluntate imperante, sed etiam in intellectu assentiente. |
| II-II q. 4 a. 2 ad 3 (arriba) | |
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Al 3,° que la fe existe en el entendimiento especulativo, como en su sujeto, según consta evidentemente por el objeto de la fe. Pero puesto que la verdad primera, que es el objeto de la fe, es el fin de todos nuestros deseos y acciones, como dice San Agustín (De Trinit. l. 1, c. 6), de aquí es que obra por dilección, como también el entendimiento especulativo llega a ser práctico por ostensión, como se dice (De an; l. 3, t. 49). |
Ad tertium dicendum quod fides est in intellectu speculativo sicut in subiecto, ut manifeste patet ex fidei obiecto. Sed quia veritas prima, quae est fidei obiectum, est finis omnium desideriorum et actionum nostrarum, ut patet per Augustinum, in I de Trin.; inde est quod per dilectionem operatur. Sicut etiam intellectus speculativus extensione fit practicus, ut dicitur in III de anima. |
| II-II q. 4 a. 3 arg. 1 (arriba) | |
Artículo 3:¿La caridad es la forma de la fe?Parece que la caridad no es la forma de la fe, porque todo ser trae su especie de la forma. Luego entre las cosas que se dividen por oposición, como especies diversas, del mismo género, la una no puede ser forma de la otra. Pero la fe y la caridad se dividen por oposición (1 Co 13) como especies diversas de la virtud. Luego la caridad no puede ser forma de la fe. |
Articulus 3:Utrum caritas sit forma fideiAd tertium sic proceditur. Videtur quod caritas non sit forma fidei. Unumquodque enim sortitur speciem per suam formam. Eorum ergo quae ex opposito dividuntur sicut diversae species unius generis, unum non potest esse forma alterius. Sed fides et caritas dividuntur ex opposito, I ad Cor. XIII, sicut diversae species virtutis. Ergo caritas non potest esse forma fidei. |
| II-II q. 4 a. 3 arg. 2 (arriba) | |
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La forma y la cosa de que es forma existen en un mismo sujeto, pues de estas dos cosas se hace una simpliciter. Pero la fe existe en el entendimiento, y la caridad en la voluntad. Luego la caridad no es forma de la fe. |
Praeterea, forma et id cuius est forma sunt in eodem, quia ex eis fit unum simpliciter. Sed fides est in intellectu, caritas autem in voluntate. Ergo caritas non est forma fidei. |
| II-II q. 4 a. 3 arg. 3 (arriba) | |
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La forma es el principio de la cosa. Pero el principio de creer por parte dé la voluntad más parece ser la obediencia que la caridad, según aquello (Rm 1,5): para que se obedezca a la fe en todas las gentes. Luego la obediencia es más bien forma de la fe que la caridad. |
Praeterea, forma est principium rei. Sed principium credendi ex parte voluntatis magis videtur esse obedientia quam caritas, secundum illud ad Rom. I, ad obediendum fidei in omnibus gentibus. Ergo obedientia magis est forma fidei quam caritas. |
| II-II q. 4 a. 3 s. c (arriba) | |
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Por el contrario, todo ser obra por su forma. Pero la fe obra por amor. Luego el amor de la caridad es la forma de la fe. |
Sed contra est quod unumquodque operatur per suam formam. Fides autem per dilectionem operatur. Ergo dilectio caritatis est forma fidei. |
| II-II q. 4 a. 3 co. (arriba) | |
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Responderemos que, como consta de lo dicho (S. Th. I-II, q. 1, a. 3 y S. Th. I-II, q. 17, a. 6), los actos voluntarios reciben la especie del fin, que es el objeto de la voluntad. Pero aquello de lo que algo toma su especie, es como su forma en el orden natural. Por consiguiente la forma de cualquier acto voluntario es en cierto modo el fin a que se refiere, ya porque recibe la especie de él mismo, ya también porque el modo de la acción debe ser proporcionado al fin. Pero es evidente por lo ya dicho (S. Th. II-II, q. 4, a. 1), que el acto de la fe se ordena al objeto de la voluntad, que es el bien, como al fin. Y como este bien, que es el fin de la fe, esto es el bien divino, es el objeto propio de la caridad; por esta razón se dice que la caridad es la forma de la fe en cuanto que el acto de esta es perfeccionado y formado por medio de la caridad. |
Respondeo dicendum quod, sicut ex superioribus patet, actus voluntarii speciem recipiunt a fine, qui est voluntatis obiectum. Id autem a quo aliquid speciem sortitur se habet ad modum formae in rebus naturalibus. Et ideo cuiuslibet actus voluntarii forma quodammodo est finis ad quem ordinatur, tum quia ex ipso recipit speciem; tum etiam quia modus actionis oportet quod respondeat proportionaliter fini. Manifestum est autem ex praedictis quod actus fidei ordinatur ad obiectum voluntatis, quod est bonum, sicut ad finem. Hoc autem bonum quod est finis fidei, scilicet bonum divinum, est proprium obiectum caritatis. Et ideo caritas dicitur forma fidei, inquantum per caritatem actus fidei perficitur et formatur. |
| II-II q. 4 a. 3 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos, que se dice que la caridad es la forma de la fe en cuanto informa su acto. Pero nada impide que un acto reciba la forma de diferentes hábitos y, que según esto se refiera en cierta manera a diferentes especies, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 18, a. 6, S. Th. I-II, q. 18, a. 7 y S. Th. I-II, q. 61, a. 2), al tratar de los actos humanos en general. |
Ad primum ergo dicendum quod caritas dicitur esse forma fidei inquantum informat actum ipsius. Nihil autem prohibet unum actum a diversis habitibus informari, et secundum hoc ad diversas species reduci ordine quodam, ut supra dictum est, cum de actibus humanis in communi ageretur. |
| II-II q. 4 a. 3 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que aquella objeción procede de la forma intrínseca. En este sentido, pues, la caridad no es la forma de la fe, sino según que da forma a su acto, como se ha dicho (in carp. art.). |
Ad secundum dicendum quod obiectio illa procedit de forma intrinseca. Sic autem caritas non est forma fidei, sed prout informat actum eius, ut supra dictum est. |
| II-II q. 4 a. 3 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que también la obediencia misma, la esperanza y toda otra virtud podría preceder al acto de la fe, formado razonablemente por la caridad, como se dirá (S. Th. II-II, q. 23, a. 8), y por lo tanto la misma caridad es considerada como la forma de la fe. |
Ad tertium dicendum quod etiam ipsa obedientia, et similiter spes et quaecumque alia virtus posset praecedere actum fidei, formatur a caritate, sicut infra patebit. Et ideo ipsa caritas ponitur forma fidei. |
| II-II q. 4 a. 4 arg. 1 (arriba) | |
¿La fe informe puede hacerse fe formada o por el contrario?Parece que la fe informe no se hace fe formada, ni viceversa; puesto que como se dice (1 Co 13,10): Cuando viniere lo que es perfecto abolido será lo que es en parte. Pero la fe informe es imperfecta con relación a la fe formada. Luego, desde el momento que la fe formada existe, se excluye la fe informe de tal modo, que no es uno mismo el hábito numéricamente.
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Utrum fides informis possit fieri formata, vel e conversoAd quartum sic proceditur. Videtur quod fides informis non fiat formata, nec e converso. Quia ut dicitur I ad Cor. XIII, cum venerit quod perfectum est, evacuabitur quod ex parte est. Sed fides informis est imperfecta respectu formatae. Ergo, adveniente fide formata, fides informis excluditur, ut non sit unus habitus numero. |
| II-II q. 4 a. 4 arg. 2 (arriba) | |
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Lo que está muerto no se vivifica. Pero la fe informe está muerta según aquello (Jac 2,20): La fe sin obras es muerta. Luego la fe informe no puede hacerse formada. |
Praeterea, illud quod est mortuum non fit vivum. Sed fides informis est mortua, secundum illud Iac. II, fides sine operibus mortua est. Ergo fides informis non potest fieri formata. |
| II-II q. 4 a. 4 arg. 3 (arriba) | |
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La gracia de Dios no causa menor efecto sobreviniendo a un infiel que a un fiel. Pero la que da al infiel causa en él el hábito de la fe. Luego también la que se da al fiel, que antes tenía el hábito de la fe informe, causa en él otro hábito de fe. |
Praeterea, gratia Dei adveniens non habet minorem effectum in homine fideli quam in infideli. Sed adveniens homini infideli causat in eo habitum fidei. Ergo etiam adveniens fideli qui habebat prius habitum fidei informis causat in eo alium habitum fidei. |
| II-II q. 4 a. 4 arg. 4 (arriba) | |
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Como dice Boecio, los accidentes no pueden alterarse. Es así que la fe es un accidente; luego no puede ser unas veces formada y otras, informe. |
Praeterea, sicut Boetius dicit, accidentia alterari non possunt. Sed fides est quoddam accidens. Ergo non potest eadem fides quandoque esse formata et quandoque informis. |
| II-II q. 4 a. 4 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario; a propósito de estas palabras (Jan 2): La fe sin obras es muerta, dice la Glosa (interl.), por las que revive. Luego la fe que antes era muerta e informe, se hace formada y viva. |
Sed contra est quod Iac. II, super illud, fides sine operibus mortua est, dicit Glossa, quibus reviviscit. Ergo fides quae erat prius mortua et informis fit formata et vivens. |
| II-II q. 4 a. 4 co. (arriba) | |
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Responderemos, que acerca de esto hay diferentes opiniones. Unos dijeron que el hábito de la fe formada es distinto del de la fe informe; pero que desde el momento que existe la fe formada se destruye la fe informe, y que al hombre que peca mortalmente, después de haber poseído la fe formada, sobreviene otro hábito de la fe informe infundido por Dios. Mas no parece ser conveniente que la gracia que sobreviene al hombre excluya algún don de Dios, ni tampoco que acuerde se infunda en el hombre algún don de Dios por causa del pecado mortal. Otros pretendieron que el hábito de la fe formada y el de la informe son distintos; pero que cuando la fe formada sobreviene, el hábito de la fe informe no es por eso destruido, sino que existe simultáneamente en el mismo sujeto con el hábito de la fe formada. Pero también parece ser inconveniente que el hábito de la fe informe permanezca ocioso en el que la tiene formada. Por esto es preciso decir que el hábito de la fe formada es lo mismo que el de la informe. La razón de esto es que el hábito se diversifica según lo que le pertenece esencialmente. Pero siendo la fe la perfección del entendimiento lo que pertenece esencialmente a la fe es lo que pertenece al entendimiento mismo. Mas lo que pertenece a la voluntad no pertenece esencialmente a la fe, de modo que por ello pueda diversificarse el hábito de la fe. Y como la distinción de la fe formada y de la fe informe es según lo que pertenece a la voluntad, esto es, a la caridad, mas no según lo que pertenece al entendimiento, de aquí, es que la fe formada y la fe informe no son hábitos diversos. |
Respondeo dicendum quod circa hoc fuerunt diversae opiniones. Quidam enim dixerunt quod alius est habitus fidei formatae et informis, sed, adveniente fide formata, tollitur fides informis. Et similiter, homine post fidem formatam peccante mortaliter, succedit alius habitus fidei informis a Deo infusus. Sed hoc non videtur esse conveniens quod gratia adveniens homini aliquod Dei donum excludat, neque etiam quod aliquod Dei donum homini infundatur propter peccatum mortale. Et ideo alii dixerunt quod sunt quidem diversi habitus fidei formatae et informis, sed tamen, adveniente fide formata, non tollitur habitus fidei informis, sed simul manet in eodem cum habitu fidei formatae. Sed hoc etiam videtur inconveniens quod habitus fidei informis in habente fidem formatam remaneat otiosus. Et ideo aliter dicendum quod idem est habitus fidei formatae et informis. Cuius ratio est quia habitus diversificatur secundum illud quod per se ad habitum pertinet. Cum autem fides sit perfectio intellectus, illud per se ad fidem pertinet quod pertinet ad intellectum, quod autem pertinet ad voluntatem non per se pertinet ad fidem, ita quod per hoc diversificari possit habitus fidei. Distinctio autem fidei formatae et informis est secundum id quod pertinet ad voluntatem, idest secundum caritatem, non autem secundum illud quod pertinet ad intellectum. Unde fides formata et informis non sunt diversi habitus. |
| II-II q. 4 a. 4 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos que las palabras del Apóstol deben entenderse cuando la imperfección es de la esencia del ser imperfecto; pues entonces se hace preciso que, cuando la perfección llega, se destruya lo imperfecto; como, sobreviniendo la visión clara, es excluida la fe, a cuya esencia pertenece el ser de cosas no aparentes. Pero cuando la imperfección no es de esencia de la cosa imperfecta, entonces aquello mismo numéricamente que era imperfecto, se hace perfecto, como la niñez no es de esencia del hombre, y por lo tanto aquel mismo numéricamente que era niño se hace varón. Y como la informidad de la fe no es de su esencia, sino que se refiere accidentalmente a la misma, como se ha dicho (S. Th. II-II, q. 4, a. 4, c.), se sigue que la misma fe informe se hace formada. |
Ad primum ergo dicendum quod verbum apostoli est intelligendum quando imperfectio est de ratione imperfecti. Tunc enim oportet quod, adveniente perfecto, imperfectum excludatur, sicut, adveniente aperta visione, excluditur fides, de cuius ratione est ut sit non apparentium. Sed quando imperfectio non est de ratione rei imperfectae, tunc illud numero idem quod erat imperfectum fit perfectum, sicut pueritia non est de ratione hominis, et ideo idem numero qui erat puer fit vir. Informitas autem fidei non est de ratione fidei, sed per accidens se habet ad ipsam, ut dictum est. Unde ipsamet fides informis fit formata. |
| II-II q. 4 a. 4 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que lo que produce la vida del animal, es de su esencia, porque es su forma esencial, esto es, su alma; y por lo tanto lo que está muerto no puede hacerse vivo, sino que es de diversa especie lo que está muerto y lo que está vivo; mientras que lo que hace que la fe sea formada o viva no es de su esencia. Por consiguiente no hay paridad. |
Ad secundum dicendum quod illud quod facit vitam animalis est de ratione ipsius, quia est forma essentialis eius, scilicet anima. Et ideo mortuum vivum fieri non potest, sed aliud specie est quod est mortuum et quod est vivum. Sed id quod facit fidem esse formatam vel vivam non est de essentia fidei. Et ideo non est simile. |
| II-II q. 4 a. 4 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que la gracia produce la fe no sólo cuando la fe comienza de nuevo a existir en el hombre, sino también todo el tiempo que dura; porque se ha dicho (S. Th. I-II, q. 104, a. 1 y S. Th. I-II, q. 109, a. 9) que Dios siempre obra la justificación del hombre, como el sol siempre obra la iluminación del aire. Por consiguiente el mismo efecto produce la gracia al llegar sobre un fiel que sobre un infiel, puesto que en ambos opera la fe; en el primero confirmándola y perfeccionándola, y en el segundo creándola de nuevo. O bien puede decirse que es per accidens, esto es, por la disposición del sujeto, el que la gracia no cause la fe en el que la tiene; como un segundo pecado mortal no quita la gracia al que la ha perdido por un pecado mortal anterior. |
Ad tertium dicendum quod gratia facit fidem non solum quando fides de novo incipit esse in homine, sed etiam quandiu fides durat, dictum est enim supra quod Deus semper operatur iustificationem hominis, sicut sol semper operatur illuminationem aeris. Unde gratia non minus facit adveniens fideli quam adveniens infideli, quia in utroque operatur fidem, in uno quidem confirmando eam et perficiendo, in alio de novo creando. Vel potest dici quod hoc est per accidens, scilicet propter dispositionem subiecti, quod gratia non causat fidem in eo qui habet. Sicut e contrario secundum peccatum mortale non tollit gratiam ab eo qui eam amisit per peccatum mortale praecedens. |
| II-II q. 4 a. 4 ad 4 (arriba) | |
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Al 4º que porque la fe formada se haga informe, no se muda la fe misma, sino su sujeto, que es el alma; que a veces tiene la fe, caridad y otras con ella. |
Ad quartum dicendum quod per hoc quod fides formata fit informis non mutatur ipsa fides, sed mutatur subiectum fidei, quod est anima, quod quandoque quidem habet fidem sine caritate, quandoque autem cum caritate. |
| II-II q. 4 a. 5 arg. 1 (arriba) | |
¿La fe es una virtud?1º Parece que la fe no es virtud; porque la virtud se ordena al bien y la virtud hace bueno al que la tiene, dice el Filósofo (Ethic., l. 2, c. 6). Pero la fe se ordena a lo verdadero. Luego la fe no es una virtud. |
Utrum fides sit virtusAd quintum sic proceditur. Videtur quod fides non sit virtus. Virtus enim ordinatur ad bonum, nam virtus est quae bonum facit habentem, ut dicit philosophus, in II Ethic. Sed fides ordinatur ad verum. Ergo fides non est virtus. |
| II-II q. 4 a. 5 arg. 2 (arriba) | |
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Más perfecta es la virtud infusa que la adquirida. Pero la fe a causa de su imperfección no se enumera entre las virtudes intelectuales adquiridas, como consta (Ethic., l. 6, c. 3). Luego mucho menos puede ser considerada como una virtud. |
Praeterea, perfectior est virtus infusa quam acquisita. Sed fides, propter sui imperfectionem, non ponitur inter virtutes intellectuales acquisitas, ut patet per philosophum, in VI Ethic. Ergo multo minus potest poni virtus infusa. |
| II-II q. 4 a. 5 arg. 3 (arriba) | |
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La fe formada y la informe son de la misma especie, según lo dicho (S. Th. II-II, q. 4, a. 4). Pero la fe informe no es virtud, porque no tiene conexión con las otras virtudes. Luego ni la fe formada es virtud. |
Praeterea, fides formata et informis sunt eiusdem speciei, ut dictum est. Sed fides informis non est virtus, quia non habet connexionem cum aliis virtutibus. Ergo nec fides formata est virtus. |
| II-II q. 4 a. 5 arg. 4 (arriba) | |
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Las gracias gratis-datæ, y los frutos se distinguen de las virtudes, pero la fe se enumera entre las gracias gratis-datæ (1 Co 12) y también entre los frutos (Ga 5). Luego la fe no es virtud. |
Praeterea, gratiae gratis datae et fructus distinguuntur a virtutibus. Sed fides enumeratur inter gratias gratis datas, I ad Cor. XII, et similiter inter fructus, ad Gal. V. Ergo fides non est virtus. |
| II-II q. 4 a. 5 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario. El hombre es justificado por las virtudes; porque la justicia es la virtud total, como se dice (Ethic., l. 5, c. 1). Pero el hombre se justifica por medio de la fe, según aquello (Rm 5,1): Justificados, pues, por la fe, tengamos paz, etc. Luego la fe es virtud. |
Sed contra est quod homo per virtutes iustificatur, nam iustitia est tota virtus, ut dicitur in V Ethic. Sed per fidem homo iustificatur, secundum illud ad Rom. V, iustificati ergo ex fide pacem habemus et cetera. Ergo fides est virtus. |
| II-II q. 4 a. 5 co. (arriba) | |
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Responderemos que según resulta de lo expuesto (S. Th. I-II, q. 55, a. 3 y S. Th. I-II, q. 55, a. 4), la virtud humana es por la que el acto humano se hace bueno: por lo cual, cualquier hábito, que es siempre el principio del acto bueno puede decirse virtud humana: la fe formada es un hábito de esta naturaleza porque siendo el creer un acto del entendimiento que asiente a lo verdadero por imperio de la voluntad, para que este acto sea perfecto se requieren dos cosas: 1ª que el entendimiento se dirija infaliblemente a su objeto, que es lo verdadero, y 2ª que la voluntad se ordene infaliblemente al último fin, por el cual asiente a lo verdadero, y ambas cosas se hallan en el acto de la fe formada, porque es propio de la razón de la fe que el entendimiento sea conducido siempre a lo verdadero; puesto que la fe no puede tener por objeto lo falso, según se ha demostrado (S. Th. II-II, q. 1, a. 3). Mas por la caridad, que forma la fe, el alma se ordena infaliblemente al fin bueno, y por esto la fe formada, es virtud. La fe informe no es virtud; puesto que aunque acto de ella tenga la perfección debida por parte del entendimiento no la tiene por la de la voluntad como también, si la templanza existiese en lo concupiscible y la prudencia no estuviera en lo racional, la templanza no sería virtud, según lo dicho (S. Th. I-II, q. 58, a. 4 y S. Th. I-II, q. 65, a. 1), puesto que, para el acto de la templanza se requiere el acto de la razón y el acto de lo concupiscible; como para el de la fe se requiere el acto de la voluntad y el del entendimiento. |
Respondeo dicendum quod, sicut ex supradictis patet, virtus humana est per quam actus humanus redditur bonus. Unde quicumque habitus est semper principium boni actus, potest dici virtus humana. Talis autem habitus est fides formata. Cum enim credere sit actus intellectus assentientis vero ex imperio voluntatis, ad hoc quod iste actus sit perfectus duo requiruntur. Quorum unum est ut infallibiliter intellectus tendat in suum bonum, quod est verum, aliud autem est ut infallibiliter ordinetur ad ultimum finem, propter quem voluntas assentit vero. Et utrumque invenitur in actu fidei formatae. Nam ex ratione ipsius fidei est quod intellectus semper feratur in verum, quia fidei non potest subesse falsum, ut supra habitum est, ex caritate autem, quae format fidem, habet anima quod infallibiliter voluntas ordinetur in bonum finem. Et ideo fides formata est virtus. Fides autem informis non est virtus, quia etsi habeat perfectionem debitam actus fidei informis ex parte intellectus, non tamen habet perfectionem debitam ex parte voluntatis. Sicut etiam si temperantia esset in concupiscibili et prudentia non esset in rationali, temperantia non esset virtus, ut supra dictum est, quia ad actum temperantiae requiritur et actus rationis et actus concupiscibilis, sicut ad actum fidei requiritur actus voluntatis et actus intellectus. |
| II-II q. 4 a. 5 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos, que lo verdadero es el bien del entendimiento, pues es su perfección; y por esto en cuanto el entendimiento se ordena a lo verdadero por medio de la fe, este se ordena a cierto bien pero además, según que la fe es formada por la caridad, tiene cierto orden al bien en cuanto es objeto de la voluntad. |
Ad primum ergo dicendum quod ipsum verum est bonum intellectus, cum sit eius perfectio. Et ideo inquantum per fidem intellectus determinatur ad verum, fides habet ordinem in bonum quoddam. Sed ulterius, inquantum fides formatur per caritatem, habet etiam ordinem ad bonum secundum quod est voluntatis obiectum. |
| II-II q. 4 a. 5 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que la fe de que habla el Filósofo, se funda en la razón humana cuyas conclusiones no son necesarias, y la cual puede caer en error, y por esto tal fe no es virtud. Mas la fe de que hablamos se funda en la verdad divina, que es infalible, y de este modo no puede incurrir en lo falso; y tal fe puede ser virtud. |
Ad secundum dicendum quod fides de qua philosophus loquitur innititur rationi humanae non ex necessitate concludenti, cui potest subesse falsum. Et ideo talis fides non est virtus. Sed fides de qua loquimur innititur veritati divinae quae est infallibilis, et ita non potest ei subesse falsum. Et ideo talis fides potest esse virtus. |
| II-II q. 4 a. 5 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que la fe formada y la informe no difieren específicamente como existentes en diversas especies, sino que se diferencian como lo perfecto y lo imperfecto en la misma especie. Por lo cual la fe informe, siendo imperfecta no alcanza la razón perfecta de virtud: porque esta es una perfección, según se dice (Physic. l. 7, t. 17 y Physic. l. 7, t. 18). |
Ad tertium dicendum quod fides formata et informis non differunt specie sicut in diversis speciebus existentes, differunt autem sicut perfectum et imperfectum in eadem specie. Unde fides informis, cum sit imperfecta, non pertingit ad perfectam rationem virtutis, nam virtus est perfectio quaedam, ut dicitur in VII Physic. |
| II-II q. 4 a. 5 ad 4 (arriba) | |
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Al 4º que algunos suponen que la fe que se enumera entre las gracias gratis-datæ es la fe informe: mas no está convenientemente dicho, puesto que las gracias gratis-datæ, que allí se enumeran, no son comunes a todos los miembros de la Iglesia. Así pues dice el Apóstol: divisiones gratiarum sunt: y además: alii datur hoc, alii datur illud. Mas la fe in forme es común a todos los miembros de la Iglesia, puesto que la informidad no pertenece a su sustancia, según que es un don gratuito. De consiguiente debe decirse que la fe está tomada en este pasaje por alguna excelencia de esta virtud; como por la constancia de fe, según dice la Glosa (intert. ibid.) o por la palabra de fe. La fe recibe el nombre de fruto, según que tiene alguna deleitación en su acto, por razón de la certeza; por lo que (Ga 5) donde se enumeran los frutos, se llama fe a la certeza de las cosas invisibles. |
Ad quartum dicendum quod quidam ponunt quod fides quae connumeratur inter gratias gratis datas est fides informis. Sed hoc non convenienter dicitur. Quia gratiae gratis datae, quae ibi enumerantur, non sunt communes omnibus membris Ecclesiae, unde apostolus ibi dicit, divisiones gratiarum sunt; et iterum, alii datur hoc, alii datur illud. Fides autem informis est communis omnibus membris Ecclesiae, quia informitas non est de substantia eius, secundum quod est donum gratuitum. Unde dicendum est quod fides ibi sumitur pro aliqua fidei excellentia, sicut pro constantia fidei, ut dicit Glossa, vel pro sermone fidei. Fides autem ponitur fructus secundum quod habet aliquam delectationem in suo actu, ratione certitudinis. Unde ad Gal. V, ubi enumerantur fructus, exponitur fides de invisibilibus certitudo. |
| II-II q. 4 a. 6 arg. 1 (arriba) | |
¿La virtud de la fe es una?Parece que la fe no es una sola; porque así como la fe es un don de Dios, según se dice (Ef 5) así también la sabiduría y la ciencia se computan entre los dones de Dios como consta (Is 11). Pero la sabiduría y la ciencia difieren, en que la sabiduría se refiere a las cosas eternas y la ciencia a las temporales, como consta por San Agustín (De Trin. l. 13, c. 19). Luego puesto que la fe se refiere a las cosas eternas y a algunas temporales, parece que no sea una sola, sino que se divida en muchas partes. |
Utrum fides sit unaAd sextum sic proceditur. Videtur quod non sit una fides. Sicut enim fides est donum Dei, ut dicitur ad Ephes. II, ita etiam sapientia et scientia inter dona Dei computantur, ut patet Isaiae XI. Sed sapientia et scientia differunt per hoc quod sapientia est de aeternis, scientia vero de temporalibus, ut patet per Augustinum, XII de Trin. Cum igitur fides sit et de aeternis et de quibusdam temporalibus, videtur quod non sit una fides, sed distinguatur in partes. |
| II-II q. 4 a. 6 arg. 2 (arriba) | |
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La confesión es acto de fe según se ha dicho (S. Th. II-II, q, 3, a. 1). Pero la confesión de la fe no es una sola y misma para todos; porque lo que nosotros confesamos como ya hecho o pasado, los antiguos lo confesaban como futuro, según se ve (Is 7,14): ecce virgo concipiet. Luego la fe no es una sola. |
Praeterea, confessio est actus fidei, ut supra dictum est. Sed non est una et eadem confessio fidei apud omnes, nam quod nos confitemur factum antiqui patres confitebantur futurum, ut patet Isaiae VII, ecce virgo concipiet. Ergo non est una fides. |
| II-II q. 4 a. 6 arg. 3 (arriba) | |
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La fe es común a todos los fieles de Cristo. Pero un solo accidente no puede estar en diversos sujetos. Luego no puede ser una sola la fe de todos los fieles. |
Praeterea, fides est communis omnibus fidelibus Christi. Sed unum accidens non potest esse in diversis subiectis. Ergo non potest esse una fides omnium. |
| II-II q. 4 a. 6 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario, Dice el Apóstol (Ef 4,5): un Señor, una fe. |
Sed contra est quod apostolus dicit, ad Ephes. IV, unus dominus, una fides. |
| II-II q. 4 a. 6 co. (arriba) | |
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Responderemos, que la fe tomada por un hábito, puede ser considerada de dos modos: 1º por parte del objeto; y entonces es una sola la fe; pues el objeto formal de la fe es la verdad primera, y adhiriéndonos a ella, es como creemos todas las cosas que se contienen en la fe. 2º por parte del sujeto, y así la fe se diversifica según que existe en diversos individuos. Es evidente que la fe como todo otro hábito, toma su especie de la razón formal de su objeto, pero que se individualiza por el sujeto. Por lo tanto, si la fe se toma por el hábito por el que creemos, en este caso la fe es una en especie, pero diferente numéricamente en los diversos individuos. Pero si se toma por la cosa que se cree, en este caso también es una, porque es lo mismo lo que todos creen, pues aunque haya diversas cosas creíbles, que todos creen comúnmente, sin embargo todas se reducen a una. |
Respondeo dicendum quod fides, si sumatur pro habitu, dupliciter potest considerari. Uno modo, ex parte obiecti. Et sic est una fides, obiectum enim formale fidei est veritas prima, cui inhaerendo credimus quaecumque sub fide continentur. Alio modo, ex parte subiecti. Et sic fides diversificatur secundum quod est diversorum. Manifestum est autem quod fides, sicut et quilibet alius habitus, ex formali ratione obiecti habet speciem, sed ex subiecto individuatur. Et ideo, si fides sumatur pro habitu quo credimus, sic fides est una specie, et differens numero in diversis. Si vero sumatur pro eo quod creditur, sic etiam est una fides. Quia idem est quod ab omnibus creditur, et si sint diversa credibilia quae communiter omnes credunt, tamen omnia reducuntur ad unum. |
| II-II q. 4 a. 6 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º diremos que las cosas temporales que se proponen en la fe, no pertenecen al objeto de ella sino por relación a una cosa eterna, que es la verdad primera, como se ha dicho (S. Th. II-II, q. 1, a. 1). Por consiguiente es una la fe sobre las cosas temporales y las cosas eternas. Pero no es lo mismo sobre la sabiduría y la ciencia que se refieren a las cosas temporales y, a las eternas según las razones propias de cada una de ellas. |
Ad primum ergo dicendum quod temporalia quae in fide proponuntur non pertinent ad obiectum fidei nisi in ordine ad aliquod aeternum, quod est veritas prima, sicut supra dictum est. Et ideo fides una est de temporalibus et aeternis. Secus autem est de sapientia et scientia, quae considerant temporalia et aeterna secundum proprias rationes utrorumque. |
| II-II q. 4 a. 6 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que aquella diferencia del pasado y del futuro no resulta de alguna diversidad de la cosa que es creída sino de la diversa relación de los que creen a la cosa que es el objeto dé su creencia, como también se ha dicho (S. Th. I-II, q. 103, a. 4 y S. Th. I-II, q. 107 a. 1 ad. 1) |
Ad secundum dicendum quod illa differentia praeteriti et futuri non contingit ex aliqua diversitate rei creditae, sed ex diversa habitudine credentium ad unam rem creditam, ut etiam supra habitum est. |
| II-II q. 4 a. 6 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que aquella razón procede la diversidad numérica de la fe. |
Ad tertium dicendum quod illa ratio procedit ex diversitate fidei secundum numerum. |
| II-II q. 4 a. 7 arg. 1 (arriba) | |
¿La fe es la primera de todas las virtudes?Parece que la fe no es la primera de las virtudes, pues se dice (Lc. 12,in Glossa. ordin. Ambr.) a propósito de estas palabras: dico vobis amicis meis, que la fortaleza es el fundamento de la fe. Pero el fundamento es antes que aquello de que es fundamento. Luego la fe no es la primera virtud. |
Utrum fides sit prima inter virtutesAd septimum sic proceditur. Videtur quod fides non sit prima inter virtutes. Dicitur enim Luc. XII, in Glossa super illud, dico vobis amicis meis, quod fortitudo est fidei fundamentum. Sed fundamentum est prius eo cuius est fundamentum. Ergo fides non est prima virtus. |
| II-II q. 4 a. 7 arg. 2 (arriba) | |
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Hay una Glosa (interl. Cassiod.) que dice a propósito de aquello del Sabio: noli æmulari (in hæc verba: spera in Domino, Sal 36), que la esperanza introduce a la fe. Pero la esperanza es una virtud, como se dirá más adelante (S. Th. II-II, q. 17, a. 1). Luego la fe no es la primera de las virtudes.
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Praeterea, quaedam Glossa dicit, super illum Psalmum, noli aemulari, quod spes introducit ad fidem. Spes autem est virtus quaedam, ut infra dicetur. Ergo fides non est prima virtutum. |
| II-II q. 4 a. 7 arg. 3 (arriba) | |
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Se ha dicho (S. Th. II-II, q. 4, a. 2) que el entendimiento del que cree se inclina a asentir aquellas cosas que son de fe por obediencia a Dios. Es así que la obediencia es también una virtud. Luego la fe no es la primera virtud. |
Praeterea, supra dictum est quod intellectus credentis inclinatur ad assentiendum his quae sunt fidei ex obedientia ad Deum. Sed obedientia etiam est quaedam virtus. Non ergo fides est prima virtus. |
| II-II q. 4 a. 7 arg. 4 (arriba) | |
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La fe informe no es fundamento, sino la fe formada como se lee en la Glosa (interl.) sobre la primera epístola a los Corintios (cap. 13). Pero la fe es formada por la caridad, como se ha dicho (S. Th. II-II, q. 4, a. 3). Luego la fe debe a la caridad el ser fundamento, luego la caridad es más fundamento que la fe; porque el fundamento es la primera parte de un edificio y por lo tanto parece que es antes que la fe. |
Praeterea, fides informis non est fundamentum, sed fides formata, sicut in Glossa dicitur, I ad Cor. III. Formatur autem fides per caritatem, ut supra dictum est. Ergo fides a caritate habet quod sit fundamentum. Caritas ergo est magis fundamentum quam fides, nam fundamentum est prima pars aedificii. Et ita videtur quod sit prior fide. |
| II-II q. 4 a. 7 arg. 5 (arriba) | |
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El orden de los hábitos se entiende por el orden de los actos. Pero en el acto de la fe, el de la voluntad que la caridad perfecciona, precede al acto del entendimiento que es perfeccionado por la fe, como la causa que precede al efecto. Luego la caridad precede a la fe y por consiguiente la fe no es la primera de las virtudes. |
Praeterea, secundum ordinem actuum intelligitur ordo habituum. Sed in actu fidei actus voluntatis, quem perficit caritas, praecedit actum intellectus, quem perficit fides, sicut causa, quae praecedit effectum. Ergo caritas praecedit fidem. Non ergo fides est prima virtutum. |
| II-II q. 4 a. 7 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario, dice el Apóstol (Hb 11,1) que la fe es la sustancia de las cosas que se deben esperar. Pero la sustancia tiene razón de primero. Luego la fe es la primera entre las virtudes. |
Sed contra est quod apostolus dicit, ad Heb. XI, quod fides est substantia sperandarum rerum. Sed substantia habet rationem primi. Ergo fides est prima inter virtutes. |
| II-II q. 4 a. 7 co. (arriba) | |
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Responderemos, que una cosa puede ser antes que otra de dos maneras: 1ª por sí misma, 2ª per accidens. Per se la fe es la primera de todas las virtudes; porque siendo el fin en los actos humanos el principio, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 13, a. 3, y S. Th. I-II, q. 34, a. 4 ad 1), es necesario que las virtudes teologales cuyo objeto es el último fin, sean antes que las demás virtudes. Pero es preciso que el fin último exista antes en el entendimiento que en la voluntad, puesto que la voluntad no es movida hacia una cosa, sino en cuanto es aprendida por el entendimiento. De consiguiente existiendo el fin último en la voluntad por la esperanza y la candad y en el entendimiento por la fe, es necesario que la fe sea la primera de todas las virtudes; porque el conocimiento natural no puede elevarse hasta Dios, según que es el objeto de la beatitud y el término al que se dirigen la esperanza y la caridad. Per accidens, puede alguna virtud ser antes que la fe; porque la causa accidental es anterior accidentalmente. Pero el remover lo que estorba, pertenece a la causa accidental (Physic. l. 8, t. 32). En este sentido hay virtudes que pueden decirse accidentalmente anteriores a la fe, porque ellas separan lo que nos impide creer; a la manera que la fortaleza separa el temor desordenado que impide la fe; la humildad, la soberbia, por la cual el entendimiento rehúsa someterse a la verdad de la fe; y lo mismo puede decirse de algunas otras virtudes, aunque no sean verdaderas virtudes, sino presupuesta la fe, como dice San Agustín (contra Julianum l. 4, c. 3). |
Respondeo dicendum quod aliquid potest esse prius altero dupliciter, uno modo, per se; alio modo, per accidens. Per se quidem inter omnes virtutes prima est fides. Cum enim in agibilibus finis sit principium, ut supra dictum est, necesse est virtutes theologicas, quarum obiectum est ultimus finis, esse priores ceteris virtutibus. Ipse autem ultimus finis oportet quod prius sit in intellectu quam in voluntate, quia voluntas non fertur in aliquid nisi prout est in intellectu apprehensum. Unde cum ultimus finis sit quidem in voluntate per spem et caritatem, in intellectu autem per fidem, necesse est quod fides sit prima inter omnes virtutes, quia naturalis cognitio non potest attingere ad Deum secundum quod est obiectum beatitudinis, prout tendit in ipsum spes et caritas. Sed per accidens potest aliqua virtus esse prior fide. Causa enim per accidens est per accidens prior. Removere autem prohibens pertinet ad causam per accidens, ut patet per philosophum, in VIII Physic. Et secundum hoc aliquae virtutes possunt dici per accidens priores fide, inquantum removent impedimenta credendi, sicut fortitudo removet inordinatum timorem impedientem fidem; humilitas autem superbiam, per quam intellectus recusat se submittere veritati fidei. Et idem potest dici de aliquibus aliis virtutibus, quamvis non sint verae virtutes nisi praesupposita fide, ut patet per Augustinum, in libro contra Iulianum. |
| II-II q. 4 a. 7 ad 1 (arriba) | |
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De lo dicho se deduce la contestación al argumento 1º. |
Unde patet responsio ad primum. |
| II-II q. 4 a. 7 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º que la esperanza no puede conducir universalmente a la fe; porque no se puede tener esperanza sobre la eterna beatitud, a no ser que se la crea posible; puesto que lo imposible no cae bajo el dominio de la esperanza, como consta de lo dicho (S. Th. I-II, q. 40, a. 1). Pero por la esperanza puede uno ser inducido a perseverar en la fe, o adherirse firmemente a ella, y. según esto, se dice que la esperanza conduce a la fe. |
Ad secundum dicendum quod spes non potest universaliter introducere ad fidem. Non enim potest spes haberi de aeterna beatitudine nisi credatur possibile, quia impossibile non cadit sub spe, ut ex supradictis patet. Sed ex spe aliquis introduci potest ad hoc quod perseveret in fide, vel quod fidei firmiter adhaereat. Et secundum hoc dicitur spes introducere ad fidem. |
| II-II q. 4 a. 7 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º, que la obediencia se entiende de dos maneras: unas veces implica la inclinación de la voluntad para cumplir los mandatos divinos y en este caso no es una virtud especial, sino que está generalmente contenida en toda virtud, porque los actos todos de las virtudes caen bajo el precepto de la ley divina, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 100, a. 2). De este modo se requiere la obediencia para la fe. Del segundo modo que puede entenderse la obediencia es según que implica inclinación respecto al cumplimiento de los mandatos, en cuanto tienen razón de débito, y en este caso la obediencia es una virtud especial y parte de justicia, porque satisface la deuda al superior, obedeciéndole. En este sentido la obediencia es una consecuencia de la fe; por la cual se manifiesta que Dios es el superior a quien debe obedecerse. |
Ad tertium dicendum quod obedientia dupliciter dicitur. Quandoque enim importat inclinationem voluntatis ad implendum divina mandata. Et sic non est specialis virtus, sed generaliter includitur in omni virtute, quia omnes actus virtutum cadunt sub praeceptis legis divinae, ut supra dictum est. Et hoc modo ad fidem requiritur obedientia. Alio modo potest accipi obedientia secundum quod importat inclinationem quandam ad implendam mandata secundum quod habent rationem debiti. Et sic obedientia est specialis virtus, et est pars iustitiae, reddit enim superiori debitum obediendo sibi. Et hoc modo obedientia sequitur fidem, per quam manifestatur homini quod Deus sit superior, cui debeat obedire. |
| II-II q. 4 a. 7 ad 4 (arriba) | |
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Al 4º, que para la razón de fundamento se requiere, no sólo que sea primero, sino que esté unido al resto del edificio; porque no sería fundamento si las otras partes del edificio no le estuvieran unidas. Pero la conexión del edificio espiritual es producida por la caridad, según estas palabras del Apóstol (Col 4,14): Tened ante todo caridad, que es el vínculo de la perfección. Por lo tanto la fe sin la caridad no puede ser fundamento; sin embargo tampoco conviene que la caridad sea anterior a la fe. |
Ad quartum dicendum quod ad rationem fundamenti non solum requiritur quod sit primum, sed etiam quod sit aliis partibus aedificii connexum, non enim esset fundamentum nisi ei aliae partes aedificii cohaererent. Connexio autem spiritualis aedificii est per caritatem, secundum illud Coloss. III, super omnia caritatem habete, quae est vinculum perfectionis. Et ideo fides sine caritate fundamentum esse non potest, nec tamen oportet quod caritas sit prior fide. |
| II-II q. 4 a. 7 ad 5 (arriba) | |
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Al 5º, que el acto de la voluntad se preexige para la fe; pero no el acto de la voluntad informado por la caridad. Pero tal acto presupone la fe, puesto que la voluntad no puede dirigirse a Dios con amor perfecto, a no ser que el entendimiento tenga acerca de él mismo una fe recta. |
Ad quintum dicendum quod actus voluntatis praeexigitur ad fidem, non tamen actus voluntatis caritate informatus, sed talis actus praesupponit fidem, quia non potest voluntas perfecto amore in Deum tendere nisi intellectus rectam fidem habeat circa ipsum. |
| II-II q. 4 a. 8 arg. 1 (arriba) | |
¿La fe es más cierta que la ciencia y que las otras virtudes intelectuales?Parece que la fe no es más cierta que la ciencia y que las demás virtudes intelectuales; porque la duda se opone a la certeza; por consiguiente parece ser más cierto lo que menos duda puede ofrecer, como es más blanco lo que menos mezclado está con lo negro. Pero el entendimiento, la ciencia y también la sabiduría no tienen duda con relación a sus propios objetos; mientras que el que cree puede a veces tener duda y dudar sobre lo que es de fe. Luego la fe no es más cierta que las virtudes intelectuales. |
Utrum fides sit certior scientia et aliis virtutibus intellectualibusAd octavum sic proceditur. Videtur quod fides non sit certior scientia et aliis virtutibus intellectualibus. Dubitatio enim opponitur certitudini, unde videtur illud esse certius quod minus potest habere de dubitatione; sicut est albius quod est nigro impermixtius. Sed intellectus et scientia, et etiam sapientia, non habent dubitationem circa ea quorum sunt, credens autem interdum potest pati motum dubitationis et dubitare de his quae sunt fidei. Ergo fides non est certior virtutibus intellectualibus. |
| II-II q. 4 a. 8 arg. 2 (arriba) | |
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La visión es más cierta que el oído. Pero la fe viene del oído, como se dice (Rm 10,17); y en el entendimiento, ciencia y sabiduría se incluye cierta visión intelectual. Luego es más cierta la ciencia o el entendimiento que la fe. |
Praeterea, visio est certior auditu. Sed fides est ex auditu, ut dicitur ad Rom. X, in intellectu autem et scientia et sapientia includitur quaedam intellectualis visio. Ergo certior est scientia vel intellectus quam fides. |
| II-II q. 4 a. 8 arg. 3 (arriba) | |
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Cuanto más perfecta es una cosa en las que conciernen al entendimiento, tanto más cierta es. Pero el entendimiento es más perfecto que la fe, puesto que por la fe se llega al entendimiento: según aquello (Is 7,9): Si no creyereis, no entenderéis. Y San Agustín dice también sobre la ciencia (De Trinit. l. 14, c. 1), que esta fortifica la fe. Luego parece que la ciencia o el entendimiento es más cierto que la fe. |
Praeterea, quanto aliquid est perfectius in his quae ad intellectum pertinent, tanto est certius. Sed intellectus est perfectior fide, quia per fidem ad intellectum pervenitur, secundum illud Isaiae VII, nisi credideritis, non intelligetis, secundum aliam litteram. Et Augustinus dicit etiam de scientia, XIV de Trin., quod per scientiam roboratur fides. Ergo videtur quod certior sit scientia vel intellectus quam fides. |
| II-II q. 4 a. 8 s. c. (arriba) | |
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Por el contrario: dice el Apóstol (I Ts 2,13): Cuando oyéndonos recibisteis de nosotros la palabra de Dios, esto es por la fe, la recibisteis no como palabra de hombres; mas según ello es en verdad, como palabra de Dios. Pero nada hay más cierto que la palabra de Dios. Luego ni la ciencia es más cierta que la fe, ni otra cosa alguna. |
Sed contra est quod apostolus dicit, I ad Thess. II, cum accepissetis a nobis verbum auditus, scilicet per fidem, accepistis illud non ut verbum hominum, sed, sicut vere est, verbum Dei. Sed nihil certius verbo Dei. Ergo scientia non est certior fide, nec aliquid aliud. |
| II-II q. 4 a. 8 co. (arriba) | |
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Responderemos, que, según lo dicho (S. Th. I-II, q. 57, a. 4, ad 2), entre las virtudes intelectuales hay dos que tienen por objeto los contingentes, que son la prudencia y el arte; a las cuales se prefiere la fe por su certeza en razón de su materia, puesto que ella se refiere a las cosas eternas que son inmutables; mientras que las otras tres virtudes intelectuales, que son, la sabiduría, la ciencia y el entendimiento, tienen por objeto las cosas necesarias, como se ha dicho (S. Th. I-II, q. 57, a. 2 ad 3). Pero es preciso saber que la sabiduría, la ciencia y el entendimiento, se entienden de dos maneras: 1ª pueden ser consideradas como virtudes intelectuales, según lo hace Aristóteles (Ethic. l. 6, c. 3, 6 y 7); y la 2ª, como dones del Espíritu Santo. En el primer sentido diremos que la certidumbre puede considerarse de dos modos: 1º por su causa, y en este concepto se dice que es más cierto lo que tiene una causa más cierta; de esta manera la fe es más cierta que las tres antedichas virtudes, puesto que aquella se apoya en la verdad divina; mientras que éstas en la razón humana: 2º por relación a su sujeto; y en este caso se dice que es más cierto, lo que consigue más plenamente el entendimiento del hombre; y de esta manera, puesto que las cosas de fe son superiores al entendimiento del hombre, mas no las que son del dominio de las otras tres virtudes, por esta parte la fe es menos cierta. Pero puesto que se juzga cada cosa absolutamente según su causa y relativamente según la disposición que proviene de parte del sujeto, de ahí es, que la fe es absolutamente más cierta; al paso que las demás lo son relativamente, esto es, en cuanto a nosotros. De la misma manera, si se consideran las tres predichas, según que son dones de la vida presente, se refieren a la fe como al principio que presuponen. Por consiguiente también según esto la fe es más cierta que ellas. |
Respondeo dicendum quod, sicut supra dictum est, virtutum intellectualium duae sunt circa contingentia, scilicet prudentia et ars. Quibus praefertur fides in certitudine, ratione suae materiae, quia est de aeternis, quae non contingit aliter se habere. Tres autem reliquae intellectuales virtutes, scilicet sapientia, scientia et intellectus, sunt de necessariis, ut supra dictum est. Sed sciendum est quod sapientia, scientia et intellectus dupliciter dicuntur, uno modo, secundum quod ponuntur virtutes intellectuales a philosopho, in VI Ethic.; alio modo, secundum quod ponuntur dona spiritus sancti. Primo igitur modo, dicendum est quod certitudo potest considerari dupliciter. Uno modo, ex causa certitudinis, et sic dicitur esse certius illud quod habet certiorem causam. Et hoc modo fides est certior tribus praedictis, quia fides innititur veritati divinae, tria autem praedicta innituntur rationi humanae. Alio modo potest considerari certitudo ex parte subiecti, et sic dicitur esse certius quod plenius consequitur intellectus hominis. Et per hunc modum, quia ea quae sunt fidei sunt supra intellectum hominis, non autem ea quae subsunt tribus praedictis, ideo ex hac parte fides est minus certa. Sed quia unumquodque iudicatur simpliciter quidem secundum causam suam; secundum autem dispositionem quae est ex parte subiecti iudicatur secundum quid, inde est quod fides est simpliciter certior, sed alia sunt certiora secundum quid, scilicet quoad nos. Similiter etiam, si accipiantur tria praedicta secundum quod sunt dona praesentis vitae, comparantur ad fidem sicut ad principium quod praesupponunt. Unde etiam secundum hoc fides est eis certior. |
| II-II q. 4 a. 8 ad 1 (arriba) | |
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Al argumento 1º, diremos, que aquella duda no es por parte de la causa de la fe, sino en cuanto a nosotros, en el sentido de que no alcanzamos plenamente por el entendimiento las cosas que son de fe. |
Ad primum ergo dicendum quod illa dubitatio non est ex parte causae fidei, sed quoad nos, inquantum non plene assequimur per intellectum ea quae sunt fidei. |
| II-II q. 4 a. 8 ad 2 (arriba) | |
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Al 2º, que, en igualdad de circunstancias, la visión es más cierta que el oído; pero si aquel de quien se oye, excede en mucho a la vista del que ve, en este caso es más cierto el oído que la vista; a la manera que un hombre de poco saber está más cierto de lo que ha oído a un hombre de ciencia, qué de lo que cree ver por medio de su razón; y mucho más seguro está el hombre de lo que oye de Dios que no puede engañarse, que de lo que ve por su propia razón que puede engañarse. |
Ad secundum dicendum quod, ceteris paribus, visio est certior auditu. Sed si ille a quo auditur multum excedit visum videntis, sic certior est auditus quam visus. Sicut aliquis parvae scientiae magis certificatur de eo quod audit ab aliquo scientissimo quam de eo quod sibi secundum suam rationem videtur. Et multo magis homo certior est de eo quod audit a Deo, qui falli non potest, quam de eo quod videt propria ratione, quae falli potest. |
| II-II q. 4 a. 8 ad 3 (arriba) | |
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Al 3º que la perfección del entendimiento y de la ciencia excede al conocimiento de la fe en cuanto a la mayor manifestación, pero no en cuanto a la más cierta adhesión; puesto que toda certeza del entendimiento o de la ciencia, según que son dones, procede de la certeza de la fe, como la certeza del conocimiento de las conclusiones, procede de la de los principios. Mas según que la ciencia la sabiduría y el entendimiento son virtudes intelectuales, se apoyan en la luz natural de la razón que no tiene, la certeza ni la palabra de Dios, sobre la que descansa la fe. |
Ad tertium dicendum quod perfectio intellectus et scientiae excedit cognitionem fidei quantum ad maiorem manifestationem, non tamen quantum ad certiorem inhaesionem. Quia tota certitudo intellectus vel scientiae secundum quod sunt dona, procedit a certitudine fidei, sicut certitudo cognitionis conclusionum procedit ex certitudine principiorum. Secundum autem quod scientia et sapientia et intellectus sunt virtutes intellectuales, innituntur naturali lumini rationis, quod deficit a certitudine verbi Dei, cui innititur fides. |