| De veritate, q. 11 pr. 1 (arriba) | |
PROEMIO1. Si un hombre puede enseñar y llamarse maestro o esto corresponde sólo a Dios. |
PROOEMIUMPrimo utrum homo possit docere et dici magister vel solus Deus |
| De veritate, q. 11 pr. 2 (arriba) | |
|
2. Si alguien puede llamarse maestro de sí mismo. |
Secundo utrum aliquis possit dici magister sui ipsius. |
| De veritate, q. 11 pr. 3 (arriba) | |
|
3. Si un hombre puede ser instruido por un ángel. |
Tertio utrum homo ab Angelo doceri possit. |
| De veritate, q. 11 pr. 4 (arriba) | |
|
4. Si enseñar es acto de la vida activa o de la vida contemplativa. |
Quarto utrum docere sit actus vitae activae vel contemplativae. |
| De veritate, q. 11 a. 1 (arriba) | |
Artículo PrimeroLa cuestión trata del maestro. En primer lugar se investiga: si un hombre puede enseñar y llamarse maestro o esto corresponde sólo a Dios. |
Articulus 1Quaestio est de magistro. Et primo quaeritur utrum homo possit docere et dici magister, vel solus Deus |
| De veritate, q. 11 a. 1 (arriba) | |
|
Y parece que solamente Dios enseña y debe ser llamado Maestro. |
Et videtur quod solus Deus doceat, et magister dici debeat. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 1 (arriba) | |
|
Se lee en Mt 23, 8: |
Matth., XXIII, 8: |
| 54175 (arriba) | |
|
Además, el hombre no enseña sino mediante algunos signos porque aunque parezca que enseña algunas cosas por las cosas mismas -por ejemplo cuando se pregunta a alguien qué es caminar, éste camina-, sin embargo esto no es suficiente para enseñar a no ser que se añada algún signo, como prueba Agustín en el libro Sobre el maestro; lo prueba por el hecho de que varias cosas convienen en una misma realidad, y por eso se ignorará en cuanto a qué cosa se hace la demostración respecto de esa realidad, si en cuanto a la substancia, o en cuanto al accidente o en cuanto a algo de ella. Pero por los signos no puede llegarse al conocimiento de las cosas porque el conocimiento de las cosas es mejor que el de los signos puesto que el conocimiento de los signos se ordena al conocimiento de las cosas como al fin y el efecto no es mejor que la causa. Luego, nadie puede transmitir a otro el conocimiento de cosa alguna y así no puede enseñar a otro. |
Praeterea, si homo docet, nonnisi per aliqua signa: quia si etiam rebus ipsis aliqua docere videatur, ut puta si aliquo quaerente quid sit ambulare, aliquis ambulet, tamen hoc non sufficit ad docendum, nisi signum aliquod adiungatur, ut Augustinus probat in l. de magistro: eo quod in eadem re plura conveniunt, unde nescietur quantum ad quid de re illa demonstratio fiat; utrum quantum ad substantiam, vel quantum ad accidens aliquod eius. Sed per signa non potest deveniri in cognitionem rerum, quia rerum cognitio potior est quam signorum; cum signorum cognitio ad rerum cognitionem ordinetur sicut ad finem: effectus autem non est potior sua causa. Ergo nullus potest alii tradere cognitionem aliquarum rerum, et sic non potest eum docere. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 3 (arriba) | |
|
Además, si un hombre propone a otro los signos de algunas cosas aquel a quien le son propuestos estos signos o bien conoce las cosas de las cuales son signos o bien no las conoce. Ciertamente, si conoce esas cosas no recibe enseñanza respecto de ellas; si en cambio no conoce, ignoradas las cosas, no pueden conocerse los significados de sus signos: en efecto, puesto que no conoce esta cosa que es una piedra no puede conocer lo que este nombre de piedra significa. Ignorado el significado de los signos nadie puede aprender algo por los signos. Por tanto, si el hombre, para enseñar, no hace sino proponer signos, parece que un hombre no puede ser instruido por un hombre. |
Praeterea, si aliquarum rerum signa alicui proponantur per hominem; aut ille cui proponuntur, cognoscit res illas quarum sunt signa, aut non. Si quidem res illas cognoscit, de eis non docetur. Si vero non cognoscit, ignoratis autem rebus, nec signorum significationes cognosci possunt; quia enim nescit hanc rem quae est lapis, non potest scire quid hoc nomen lapis significet. Ignorata vero significatione signorum, per signa non potest aliquis aliquid addiscere. Si ergo homo nihil aliud faciat ad doctrinam quam signa proponere, videtur quod homo ab homine doceri non possit. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 4 (arriba) | |
|
Además, enseñar no es otra cosa que causar de algún modo la ciencia en otro; pero el sujeto de la ciencia es el intelecto y los signos sensibles, sólo por los cuales parece que el hombre puede enseñar, no llegan hasta la parte intelectiva sino que permanecen en la potencia sensitiva. Por tanto, un hombre no puede enseñar a otro. |
Praeterea, docere nihil aliud est quam scientiam in alio aliquo modo causare. Sed scientiae subiectum est intellectus; signa autem sensibilia, quibus solummodo videtur homo posse docere, non perveniunt usque ad partem intellectivam, sed sistunt in potentia sensitiva. Ergo homo ab homine doceri non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 5 (arriba) | |
|
Además, si uno causa la ciencia en otro, o bien la ciencia estaba en el que aprende o bien no estaba. Si no estaba y es causada por un hombre en otro, entonces un hombre crea la ciencia en otro, lo que es imposible; y si estaba antes, entonces o bien estaba en acto perfecto y así no puede ser causada porque lo que es no se hace, o bien estaba según una razón seminal: mas las razones seminales no pueden ser educidas en acto por ninguna virtud creada sino sólo infundidas en la naturaleza por Dios, como dice Agustín en su obra Sobre el génesis a la letra. Por tanto, sólo resta admitir que un hombre de ningún modo puede enseñar a otro. |
Praeterea, si scientia in uno causatur ab alio; aut scientia inerat addiscenti, aut non inerat. Si non inerat, et in homine ab alio causatur; ergo unus homo in alio scientiam creat; quod est impossibile. Si autem prius inerat; aut inerat in actu perfecto, et sic causari non potest, quia quod est, non fit; aut inerat secundum rationem seminalem: rationes autem seminales per nullam virtutem creatam in actum educi possunt, sed a Deo solo naturae inseruntur, ut Augustinus dicit super Genes. ad litteram. Ergo relinquitur quod unus homo nullo modo alium docere possit. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 6 (arriba) | |
|
Además, la ciencia es un cierto accidente, pero el accidente no cambia de sujeto. Por tanto, puesto que la enseñanza no parece ser sino la transfusión de la ciencia del maestro al discípulo, se sigue que un hombre no puede enseñar a otro. |
Praeterea, scientia quoddam accidens est. Accidens autem non transmutat subiectum. Cum ergo doctrina nihil aliud esse videatur nisi transfusio scientiae de magistro in discipulum, ergo unus homo alium docere non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 7 (arriba) | |
|
Además, acerca de Rm 10, 7: l |
Praeterea, Rom., X, 17, super illud, |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 8 (arriba) | |
|
Además, dice Agustín en el libro Sobre el Maestro: |
Praeterea, Augustinus dicit in Lib. de magistro: |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 9 (arriba) | |
|
Además, si el hombre es verdadero maestro es necesario que enseñe la verdad; pero quienquiera que enseña la verdad ilumina la mente pues la verdad es la luz de la mente. Por tanto, el hombre, si enseña, iluminará a la mente; pero esto es falso dado que Dios es |
Praeterea, si homo est verus doctor, oportet quod veritatem doceat. Sed quicumque docet veritatem, mentem illuminat, cum veritas sit lumen mentis. Ergo homo mentem illuminabit, si docet. Sed hoc est falsum, cum Deus sit qui |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 10 (arriba) | |
|
Además, si un hombre enseña a otro es necesario que haga que éste pase de sapiente en potencia a sapiente en acto; por tanto es preciso que la ciencia de este último sea llevada de la potencia al acto. Pero lo que es llevado de la potencia al acto necesariamente se ha de mutar. En consecuencia, la ciencia o sabiduría mutará lo que resulta contrario a Agustín quien, en el libro Sobre ochenta y tres cuestiones, dice que |
Praeterea, si unus homo alium docet, oportet quod eum faciat de potentia scientem actu scientem. Ergo oportet quod eius scientia educatur de potentia in actum. Quod autem de potentia in actum educitur, necesse est quod mutetur. Ergo scientia vel sapientia mutabitur; quod est contra Augustinum, in Lib. LXXXIII quaestionum, qui dicit, quod |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 11 (arriba) | |
|
Además, parece que la ciencia no es sino una representación de las cosas en el alma puesto que se dice que la ciencia es una asimilación del que conoce a lo conocido. Pero un hombre no puede inscribir en el alma de otro las semejanzas de las cosas pues de este modo actuaría interiormente en él lo que solamente corresponde a Dios. En consecuencia, no puede un hombre enseñar a otro. |
Praeterea, scientia nihil aliud esse videtur quam descriptio rerum in anima, cum scientia esse dicatur assimilatio scientis ad scitum. Sed unus homo non potest in alterius anima describere rerum similitudines: sic enim interius operaretur in ipso; quod solius Dei est. Ergo unus homo alium docere non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 12 (arriba) | |
|
Además, dice Boecio, en su libro La consolación de la Filosofía, que la enseñanza únicamente incita a la mente del hombre a saber. Mas el que incita al intelecto a saber no hace que el intelecto sepa como el que incita a alguien a ver corporalmente no hace que éste vea. Ergo, un hombre no hace que otro sepa y, de este modo, no puede afirmarse con propiedad que le enseña. |
Praeterea, Boetius dicit in Lib. de consolatione, quod per doctrinam solummodo mens hominis excitatur ad sciendum. Sed ille qui excitat intellectum ad sciendum, non facit eum scire; sicut ille qui excitat aliquem ad videndum corporaliter, non facit eum videre. Ergo unus homo non facit alium scire; et ita non proprie potest dici quod eum doceat. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 13 (arriba) | |
|
Además, para la ciencia se requiere la certeza del conocimiento, de otro modo no es ciencia sino opinión o credulidad, como dice Agustín en el libro |
Praeterea, ad scientiam requiritur cognitionis certitudo; alias non est scientia, sed opinio vel credulitas, ut Augustinus dicit in Lib. de magistro. Sed unus homo non potest in altero certitudinem facere per signa sensibilia quae proponit: quod enim est in sensu, magis est obliquum eo quod est in intellectu; certitudo autem semper fit per aliquid magis rectum. Ergo unus homo alium docere non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 14 (arriba) | |
|
Además, para la ciencia no se requiere sino la luz inteligible y la especie; pero ninguna de las dos puede ser causada por un hombre en otro porque sería necesario, en tal caso, que un hombre creare algo puesto que esta clase de formas simples, al parecer, no pueden producirse más que por creación. Luego, un hombre no puede causar la ciencia en otro y, tampoco, enseñar. |
Praeterea, ad scientiam non requiritur nisi lumen intelligibile et species. Sed neutrum potest in uno homine ab alio causari: quia oporteret quod homo aliquid crearet, cum huiusmodi formae simplices non videantur posse produci nisi per creationem. Ergo homo non potest in alio scientiam causare, et sic nec docere. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 15 (arriba) | |
|
Además, nadie puede crear una forma en la mente del hombre excepto Dios, como dice Agustín. Pero la ciencia es una cierta forma de la mente. Ergo, sólo Dios causa la ciencia en el alma. |
Praeterea, nihil potest formare mentem hominis nisi solus Deus, ut Augustinus dicit. Scientia autem, quaedam forma mentis est. Ergo solus Deus scientiam in anima causat. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 16 (arriba) | |
|
Además, así como hay culpa en la mente también hay ignorancia. Pero sólo Dios purifica a la mente de la culpa como dice Is 43, 25: |
Praeterea, sicut culpa est in mente, ita et ignorantia. Sed solus Deus purgat mentem a culpa: Isa., XLIII, 25: |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 17 (arriba) | |
|
Además, puesto que la ciencia es un conocimiento cierto, uno puede recibir la ciencia de labios de aquel por cuya palabra adquiere la certeza. Pero nadie adquiere la certeza por el hecho de que escuche hablar a un hombre; de lo contrario sería necesario que todo lo que fuere dicho por un hombre constare como cierto. Pero sólo adquiere la certeza el que escucha la verdad que habla en su interior y que, además, consulta con ella lo que oye del hombre a fin de que se haga cierto. Por tanto, no enseña el hombre sino la verdad que habla en lo interior, que es Dios. |
Praeterea, cum scientia sit certitudinalis cognitio, ab illo aliquis scientiam accipit per cuius locutionem certificatur. Non autem certificatur aliquis ex hoc quod audit hominem loquentem; alias oporteret quod quidquid alicui ab homine dicitur, pro certo ei constaret. Certificatur autem solum secundum quod interius audit veritatem loquentem, quam consulit etiam de his quae ab homine audit, ut certus fiat. Ergo homo non docet, sed veritas quae interius loquitur, quae est Deus. |
| De veritate, q. 11 a. 1 arg. 18 (arriba) | |
|
Además, nadie aprende por la palabra de otro lo que, interrogado antes de oír la palabra, hubiese respondido. Pero el discípulo, si fuere interrogado antes de que el maestro le hablare, respondería sobre aquellas cosas que el maestro propone, pues no sería instruido por la palabra del maestro si no supiere que las cosas son tal como el maestro las propone. Ergo, un hombre no es instruido por la palabra de otro hombre. |
Praeterea, nullus per locutionem alterius addiscit illa quae ante locutionem etiam interrogatus respondisset. Sed discipulus, antequam ei magister loquatur, responderet interrogatus de his quae magister proponit: non enim doceretur ex locutione magistri, nisi ita se habere cognosceret sicut magister proponit. Ergo unus homo non docetur per locutionem alterius hominis. |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 1 (arriba) | |
|
Se dice en la 2 Tm 1, 1: |
Sed contra. Est quod dicitur II Timoth. I, 11: |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 2 (arriba) | |
|
Además, también en la 2 Tm 3, 14, se lee: |
Praeterea, II Timoth., III, 14: |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 3 (arriba) | |
|
Además, en Mt 23, 8, se dice al mismo tiempo |
Praeterea, Matth. XXIII, 8 et 9, simul dicitur: |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 4 (arriba) | |
|
. Además, sobre lo que se lee en Rm 10, 15: |
Praeterea, Roman. X, 15, super illud: |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 5 (arriba) | |
|
Además, como se dice en el libro IV Sobre los meteoros, toda cosa es tanto más perfecta cuando puede generar lo semejante a sí misma. Pero la ciencia es un cierto conocimiento perfecto. Luego, el hombre que tiene la ciencia puede enseñar a otro. |
Praeterea, ut dicitur in IV Meteororum, unumquodque tunc est perfectum quando potest simile sibi generare. Sed scientia est quaedam cognitio perfecta. Ergo homo qui habet scientiam, potest alium docere. |
| De veritate, q. 11 a. 1 s. c. 6 (arriba) | |
|
Además, dice Agustín, en el libro Contra Maniqueos, que así como la tierra, que antes del pecado era irrigada por una fuente y, en cambio, después del pecado necesitó de la lluvia que desciende de las nubes, así también la mente humana, simbolizada por la tierra, antes del pecado fue fecundada por la fuente de la verdad, después del pecado, en cambio, necesita la enseñanza de otros como lluvia que desciende de las nubes. Ergo, el hombre, al menos después del pecado, es instruido por el hombre. |
Praeterea, Augustinus in libro contra Manich. dicit, quod sicut terra, quae ante peccatum fonte irrigabatur, post peccatum indiguit pluvia de nubibus descendente; ita mens humana, quae per terram significatur, fonte veritatis ante peccatum fecundabatur, post peccatum vero indiget doctrina aliorum, quasi pluvia descendente de nubibus. Ergo saltem post peccatum homo ab homine docetur. |
| De veritate, q. 11 a. 1 co. (arriba) | |
|
Se ha de decir que en tres cosas encontramos una misma diversidad de opiniones, a saber, en la emergencia de las formas hacia el ser, en la adquisición de las virtudes y en la adquisición de las ciencias.
En efecto, dijeron algunos que todas las formas sensibles son por un agente extrínseco, que es una substancia o una forma separada, a la que llaman Dador de las formas o Inteligencia Agente, y que todos los agentes inferiores naturales no son sino como los que preparan a la materia para recibir las formas. Similarmente, también Avicena dice en su Metafísica que |
Responsio. Dicendum, quod in tribus eadem opinionum diversitas invenitur: scilicet in eductione formarum in esse, in acquisitione virtutum, et in acquisitione scientiarum. Quidam enim dixerunt, formas omnes sensibiles esse ab agente extrinseco, quod est substantia vel forma separata, quam appellant datorem formarum vel intelligentiam agentem; et quod omnia inferiora agentia naturalia non sunt nisi sicut praeparantia materiam ad formae susceptionem. Similiter etiam Avicenna dicit in sua Metaphys., quod habitus honesti causa non est actio nostra; sed actio prohibet eius contrarium, et adaptat ad illum, ut accidat hic habitus a substantia perficiente animas hominum, quae est intelligentia agens, vel substantia ei consimilis. Similiter etiam ponunt, quod scientia in nobis non efficitur nisi ab agente separato; unde Avicenna ponit in VI de naturalibus, quod formae intelligibiles effluunt in mentem nostram ab intelligentia agente. Quidam vero e contrario opinati sunt; scilicet quod omnia ista rebus essent indita, nec ab exteriori causam haberent, sed solummodo quod per exteriorem actionem manifestantur. Posuerunt enim quidam, quod omnes formae naturales essent actu in materia latentes, et quod agens naturale nihil aliud facit quam extrahere eas de occulto in manifestum. Similiter etiam aliqui posuerunt, quod omnes virtutum habitus nobis sunt inditi a natura; sed per exercitium operum removentur impedimenta, quibus praedicti habitus quasi occultabantur; sicut per limationem aufertur rubigo, ut claritas ferri manifestetur. Similiter etiam aliqui dixerunt quod animae est omnium scientia concreata; et per huiusmodi doctrinam et huiusmodi scientiae exteriora adminicula nihil fit aliud nisi quod anima deducitur in recordationem vel considerationem eorum quae prius scivit; unde dicunt, quod addiscere nihil est aliud quam reminisci. Utraque autem istarum opinionum est absque ratione. Prima enim opinio excludit causas propinquas, dum effectus omnes in inferioribus provenientes, solis causis primis attribuit; in quo derogatur ordini universi, qui ordine et connexione causarum contexitur: dum prima causa ex eminentia bonitatis suae rebus aliis confert non solum quod sint, sed et quod causae sint. Secunda etiam opinio in idem quasi inconveniens redit: cum enim removens prohibens non sit nisi movens per accidens, ut dicitur VIII Physic.; si inferiora agentia nihil aliud faciunt quam producere de occulto in manifestum, removendo impedimenta, quibus formae et habitus virtutum et scientiarum occultabantur: sequetur quod omnia inferiora agentia non agant nisi per accidens. Et ideo, secundum doctrinam Aristotelis, via media inter has duas tenenda est in omnibus praedictis. Formae enim naturales praeexistunt quidem in materia, non in actu, ut alii dicebant, sed in potentia solum, de qua in actum reducuntur per agens extrinsecum proximum, non solum per agens primum, ut alia opinio ponebat. Similiter etiam secundum ipsius sententiam in VI Ethicorum, virtutum habitus ante earum consummationem praeexistunt in nobis in quibusdam naturalibus inclinationibus, quae sunt quaedam virtutum inchoationes, sed postea per exercitium operum adducuntur in debitam consummationem. Similiter etiam dicendum est de scientiae acquisitione; quod praeexistunt in nobis quaedam scientiarum semina, scilicet primae conceptiones intellectus, quae statim lumine intellectus agentis cognoscuntur per species a sensibilibus abstractas, sive sint complexa, sicut dignitates, sive incomplexa, sicut ratio entis, et unius, et huiusmodi, quae statim intellectus apprehendit. In istis autem principiis universalibus omnia sequentia includuntur, sicut in quibusdam rationibus seminalibus. Quando ergo ex istis universalibus cognitionibus mens educitur ut actu cognoscat particularia, quae prius in universali et quasi in potentia cognoscebantur, tunc aliquis dicitur scientiam acquirere. Sciendum tamen est, quod in rebus naturalibus aliquid praeexistit in potentia dupliciter. Uno modo in potentia activa completa; quando, scilicet, principium intrinsecum sufficienter potest perducere in actum perfectum, sicut patet in sanatione: ex virtute enim naturali quae est in aegro, aeger ad sanitatem perducitur. Alio modo in potentia passiva; quando, scilicet, principium intrinsecum non sufficit ad educendum in actum, sicut patet quando ex aere fit ignis; hoc enim non poterat fieri per aliquam virtutem in aere existentem. Quando igitur praeexistit aliquid in potentia activa completa, tunc agens extrinsecum non agit nisi adiuvando agens intrinsecum, et ministrando ei ea quibus possit in actum exire; sicut medicus in sanatione est minister naturae, quae principaliter operatur, confortando naturam, et apponendo medicinas, quibus velut instrumentis natura utitur ad sanationem. Quando vero aliquid praeexistit in potentia passiva tantum, tunc agens extrinsecum est quod educit principaliter de potentia in actum; sicut ignis facit de aere, qui est potentia ignis, actu ignem. Scientia ergo praeexistit in addiscente in potentia non pure passiva, sed activa; alias homo non posset per seipsum acquirere scientiam. Sicut ergo aliquis dupliciter sanatur: uno modo per operationem naturae tantum, alio modo a natura cum adminiculo medicinae; ita etiam est duplex modus acquirendi scientiam: unus, quando naturalis ratio per seipsam devenit in cognitionem ignotorum; et hic modus dicitur inventio; alius, quando naturali rationi aliquis exterius adminiculatur, et hic modus dicitur disciplina. In his autem quae fiunt a natura et arte, eodem modo ars operatur, et per eadem media, quibus et natura. Sicut enim natura in eo qui ex frigida causa laborat, calefaciendo induceret sanitatem, ita et medicus; unde et ars dicitur imitari naturam. Et similiter etiam contingit in scientiae acquisitione, quod eodem modo docens alium ad scientiam ignotorum deducit sicuti aliquis inveniendo deducit seipsum in cognitionem ignoti. Processus autem rationis pervenientis ad cognitionem ignoti inveniendo est ut principia communia per se nota applicet ad determinatas materias, et inde procedat in aliquas particulares conclusiones, et ex his in alias; unde et secundum hoc unus alium dicitur docere quod istum decursum rationis, quem in se facit ratione naturali, alteri exponit per signa et sic ratio naturalis discipuli, per huiusmodi sibi proposita, sicut per quaedam instrumenta, pervenit in cognitionem ignotorum. Sicut igitur medicus dicitur causare sanitatem in infirmo natura operante, ita etiam homo dicitur causare scientiam in alio operatione rationis naturalis illius: et hoc est docere; unde unus homo alium docere dicitur, et eius esse magister. Et secundum hoc dicit philosophus, I posteriorum, quod demonstratio est syllogismus faciens scire. Si autem aliquis alicui proponat ea quae in principiis per se notis non includuntur, vel includi non manifestantur, non faciet in eo scientiam, sed forte opinionem, vel fidem; quamvis hoc etiam aliquo modo ex principiis innatis causetur. Ex ipsis enim principiis per se notis considerat, quod ea quae ex eis necessario consequuntur, sunt certitudinaliter tenenda; quae vero eis sunt contraria, totaliter respuenda; aliis autem assensum praebere potest, vel non praebere. Huiusmodi autem rationis lumen, quo principia huiusmodi nobis sunt nota, est nobis a Deo inditum, quasi quaedam similitudo increatae veritatis in nobis resultans. Unde, cum omnis doctrina humana efficaciam habere non possit nisi ex virtute illius luminis; constat quod solus Deus est qui interius et principaliter docet, sicut natura interius et principaliter sanat; nihilominus homo et sanare et docere proprie dicitur modo praedicto. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 1 (arriba) | |
|
A LO PRIMERO, porque el Señor mandó a los discípulos no llamarse maestros y para que no pueda entenderse que esto sea una prohibición absoluta, la Glosa expone otro modo en que esa prohibición ha de ser entendida. En efecto, se prohíbe que un hombre sea llamado maestro si es de tal modo que le atribuyamos al hombre la principalidad del magisterio que corresponde a Dios como poniendo la esperanza en la sabiduría de los hombres y no más bien como quien consulta, sobre las cosas que oye decir a un hombre, a la verdad divina que habla en nosotros por la impresión de su semejanza y mediante la que podemos juzgar acerca de todas las cosas. |
Ad primum ergo dicendum, quod quia dominus praeceperat discipulis ne vocarentur magistri, ne posset intelligi hoc esse prohibitum absolute. Glossa exponit qualiter haec prohibitio sit intelligenda. Prohibemur enim hoc modo hominem vocare magistrum, ut ei principalitatem magisterii attribuamus, quae Deo competit; quasi in hominum sapientia spem ponentes, et non magis de his quae ab homine audimus, divinam veritatem consulentes, quae in nobis loquitur per suae similitudinis impressionem, qua de omnibus possumus iudicare. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 2 (arriba) | |
|
A LO SEGUNDO, el conocimiento de las cosas no se alcanza, en nosotros, por el conocimiento de los signos sino mediante el conocimiento de otras cosas más certeras, a saber, de los principios que se nos proponen y aplican, por medio de algunos signos, a algunas cosas que anteriormente ignorábamos en absoluto ( |
Ad secundum dicendum, quod cognitio rerum in nobis non efficitur per cognitionem signorum, sed per cognitionem aliarum rerum magis certarum, scilicet principiorum, quae nobis per aliqua signa proponuntur, et applicantur ad aliqua quae prius nobis erant ignota simpliciter, quamvis essent nobis nota secundum quid, ut dictum est. Cognitio enim principiorum facit in nobis scientiam conclusionum, non cognitio signorum. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 3 (arriba) | |
|
A LO TERCERO, las cosas de las que somos instruidos por medio de los signos, las conocemos en cuanto a algunos aspectos y, en cuanto a otros, las ignoramos. Por ejemplo, si se nos enseña qué es el hombre es necesario que tengamos de él algún conocimiento previo, por ejemplo, la noción de animal o de substancia o, por lo menos, la misma razón de ente que no podemos desconocer. De modo similar, si se nos enseña alguna conclusión, es necesario conocer previamente qué cosa son el accidente y el sujeto, como también tener un previo conocimiento de los principios por los cuales se enseña la conclusión, pues |
Ad tertium dicendum, quod illa de quibus per signa edocemur, cognoscimus quidem quantum ad aliquid, et quantum ad aliquid ignoramus; utpote si docemur quid est homo, oportet quod de eo praesciamus aliquid: scilicet rationem animalis, vel substantiae, aut saltem ipsius entis, quae nobis ignota esse non potest. Et similiter si doceamur aliquam conclusionem, oportet praescire de passione et subiecto quid sunt, etiam principiis, per quae conclusio docetur, praecognitis; omnis enim disciplina fit ex praeexistenti cognitione, ut dicitur in principio posteriorum. Unde ratio non sequitur. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 4 (arriba) | |
|
A LO CUARTO, a partir de los signos sensibles que son recibidos en la potencia sensitiva, el intelecto recibe las intenciones inteligibles de las que se sirve para producir la ciencia en sí mismo. En efecto, la causa próxima de la ciencia no son los signos sino la razón que discurre desde los principios a las conclusiones, como se dijo. |
Ad quartum dicendum, quod ex sensibilibus signis, quae in potentia sensitiva recipiuntur, intellectus accipit intentiones intelligibiles, quibus utitur ad scientiam in seipso faciendam. Proximum enim scientiae effectivum non sunt signa, sed ratio discurrens a principiis in conclusiones, ut dictum est. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 5 (arriba) | |
|
A LO QUINTO, en el que recibe la enseñanza preexiste la ciencia no, ciertamente, en acto completo sino como en las razones seminales según que las concepciones universales, cuyo conocimiento está impreso naturalmente en nosotros, son como ciertas semillas de todos los conocimientos subsiguientes. Pero aunque las razones seminales no son educidas en acto por una facultad o potencia creada, como si ellas fuesen infundidas por alguna facultad creada, sin embargo lo que original y virtualmente está en ellas puede, sí, ser educido en acto por la acción de alguna facultad o potencia creada. |
Ad quintum dicendum, quod in eo qui docetur, scientia praeexistebat, non quidem in actu completo, sed quasi in rationibus seminalibus, secundum quod universales conceptiones, quarum cognitio est nobis naturaliter indita, sunt quasi semina quaedam omnium sequentium cognitorum. Quamvis autem per virtutem creatam rationes seminales non hoc modo educantur in actum quasi ipsae per aliquam creatam virtutem infundantur, tamen id quod est in eis originaliter et virtualiter, actione creatae virtutis in actum educi potest. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 6 (arriba) | |
|
A LO SEXTO, no se dice que quien enseña infunde la ciencia en el discípulo como si la ciencia que está en el maestro fuese numéricamente la misma que la que produce en el discípulo, sino porque por la enseñanza se forma en el discípulo una ciencia semejante a la que está en el maestro, educida de la potencia al acto, como se dijo. |
Ad sextum dicendum, quod docens non dicitur transfundere scientiam in discipulum, quasi illa eadem numero scientia quae est in magistro, in discipulo fiat; sed quia per doctrinam fit in discipulo scientia similis ei quae est in magistro, educta de potentia in actum, ut dictum est. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 7 (arriba) | |
|
A LO SÉPTIMO, así como se dice que el médico, aunque opere exteriormente operando interiormente la sola naturaleza, produce la salud, así también se dice que un hombre enseña la verdad aunque la anuncie exteriormente, mientras sólo Dios la enseña en lo interior. |
Ad septimum dicendum, quod sicut medicus quamvis exterius operetur, natura sola interius operante, dicitur facere sanitatem; ita et homo dicitur docere veritatem quamvis exterius annuntiet, Deo interius docente. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 8 (arriba) | |
|
A LO OCTAVO, Agustín, por el hecho de que prueba, en el libro Sobre el Maestro, que sólo Dios enseña, no pretende excluir el que un hombre enseñe exteriormente sino afirmar que sólo el mismo Dios enseña interiormente. |
Ad octavum dicendum, quod Augustinus in Lib. de magistro, per hoc quod probat solum Deum docere, non intendit excludere quin homo exterius doceat, sed quod ipse solus Deus docet interius. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 9 (arriba) | |
|
A LO NOVENO, puede decirse con verdad que un hombre es verdadero doctor, que enseña la verdad y que ilumina la mente, no como que infunde la luz de la razón sino como que ayuda o auxilia a la luz de la razón a alcanzar la perfección de la ciencia mediante aquello que propone exteriormente, a la manera que se dice en Ef 3, 8: |
Ad nonum dicendum, quod homo, verus et vere doctor dici potest, et veritatem docens, et mentem quidem illuminans, non quasi lumen rationi infundens, sed quasi lumen rationis coadiuvans ad scientiae perfectionem per ea quae exterius proponit: secundum quem modum dicitur Ephes., III, 8-9: |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 10 (arriba) | |
|
A LO DÉCIMO, hay una doble sabiduría, a saber, creada e increada; y se dice que una y otra son infundidas al hombre y el hombre, por su infusión, progresa y se cambia para mejor. Pero la Sabiduría increada en modo alguno es mutable; en cambio, la creada, cambia en nosotros accidentalmente y no por sí. En efecto, ella se considera de dos modos: uno, según lo relativo a las cosas eternas acerca de las cuales discurre y, así, es absolutamente inmutable; otro, según el ser que tiene en el sujeto y, así, accidentalmente, se muda, al mudar el sujeto de tener la sabiduría en potencia a tenerla en acto, pues las formas inteligibles, de las que está constituida la sabiduría, son semejanzas de las cosas y formas que perfeccionan al intelecto. |
Ad decimum dicendum, quod duplex est sapientia: scilicet creata et increata: et utraque homini infundi dicitur; et eius infusione homo mutari in melius proficiendo. Sapientia vero increata nullo modo mutabilis est; creata vero in nobis mutatur per accidens, non per se. Est enim ipsam considerare dupliciter. Uno modo secundum respectum ad res aeternas de quibus est; et sic omnino immutabilis est. Alio modo secundum esse quod habet in subiecto; et sic per accidens mutatur, subiecto mutato de potentia habente sapientiam in actu habens. Formae enim intelligibiles, ex quibus sapientia consistit, et sunt rerum similitudines, et sunt formae perficientes intellectum. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 11 (arriba) | |
|
A LO DECIMOPRIMERO, las formas inteligibles por las que se constituye la ciencia recibida a través de la enseñanza, se inscriben en el discípulo, de modo inmediato por el intelecto agente pero, mediatamente, por aquel que enseña. En efecto, el maestro propone los signos de las cosas inteligibles de las que el intelecto agente toma las intenciones inteligibles y las inscribe en el intelecto posible. Por eso, las palabras del doctor, oídas o vista por escrito, causan la ciencia en el intelecto al modo como la causan las cosas que están fuera del alma porque de unas y de otras toma el intelecto agente las intenciones inteligibles; aunque las palabras del maestro, en cuanto son signos de las intenciones inteligibles, son una causa más próxima de la ciencia que las cosas sensibles que existen fuera del alma. |
Ad undecimum dicendum, quod in discipulo describuntur formae intelligibiles, ex quibus scientia per doctrinam accepta constituitur, immediate quidem per intellectum agentem, sed mediate per eum qui docet. Proponit enim doctor rerum intelligibilium signa ex quibus intellectus agens accipit intentiones intelligibiles, et describit eas in intellectu possibili. Unde ipsa verba doctoris audita, vel visa in scripto, hoc modo se habent ad causandum scientiam in intellectu sicut res quae sunt extra animam, quia ex utrisque intellectus agens intentiones intelligibiles accipit; quamvis verba doctoris propinquius se habeant ad causandum scientiam quam sensibilia extra animam existentia inquantum sunt signa intelligibilium intentionum. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 12 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSEGUNDO, no existe una semejanza absoluta respecto del intelecto y la vista corpórea pues la vista no es una facultad comparativa que, a partir de cualquiera de sus objetos llegue a otros, sino que todos sus objetos son para ella visibles desde el instante que se vuelven a ella. Por tanto, el que tiene la potencia visiva se halla respecto de la visión de todos los objetos visibles como el que tiene el hábito de la ciencia respecto de la consideración de lo que habitualmente conoce. En consecuencia, el que ve no necesita ser estimulado por otro para ver a no ser en cuanto que ese otro le dirija la vista hacia algún objeto visible con el dedo o de otra manera similar. Pero la potencia intelectiva, dado que es una facultad comparativa, a partir de algunas cosas llega a deducir otras. Por tanto, no se halla de igual manera respecto de la consideración de todos los objetos inteligibles sino que a algunos, que son evidentes por sí, los ve al punto; y en estos objetos inteligibles están contenidos implícitamente otros que no puede entender a no ser mediante el oficio de la razón explicitando lo que implícitamente está en los principios. Por tanto, para conocer tales inteligibles, antes de que tenga el hábito, no sólo está en potencia accidental sino también en potencia esencial pues necesita un motor que la reduzca en acto por medio de la enseñanza, como se dice en el libro VIII de la Física, lo que no necesita el que ya conoce algo habitualmente. En consecuencia, el maestro mueve al intelecto al conocimiento de aquellas cosas que enseña a la manera de un motor esencial que educe de la potencia al acto; pero el que muestra algún objeto visible a la visión corporal, actúa como un motor accidental, así como el que tiene el hábito de la ciencia puede ser inclinado por alguien a la consideración de alguna cosa. |
Ad duodecimum dicendum, quod non est omnino simile de intellectu et visu corporali. Visus enim corporalis non est vis collativa, ut ex quibusdam suorum obiectorum in alia perveniat; sed omnia sua obiecta sunt ei visibilia, quam cito ad illa convertitur: unde habens potentiam visivam se habet hoc modo ad omnia visibilia intuenda, sicut habens habitum ad ea quae habitualiter scit consideranda; et ideo videns non indiget ab alio excitari ad videndum, nisi quatenus per alium eius visus dirigitur in aliquod visibile, ut digito, vel aliquo huiusmodi. Sed potentia intellectiva, cum sit vis collativa, ex quibusdam in alia devenit; unde non se habet aequaliter ad omnia intelligibilia consideranda; sed quaedam statim videt quae sunt per se nota, in quibus implicite continentur quaedam alia quae intelligere non potest nisi per officium rationis ea quae in principiis implicite continentur, explicando; unde ad huiusmodi cognoscenda, antequam habitum habeat, non solum est in potentia accidentali, sed etiam in potentia essentiali: indiget enim motore, qui reducat eum in actum per doctrinam, ut dicitur in VIII Physic.: quo non indiget ille qui iam aliquid habitualiter novit. Doctor ergo excitat intellectum ad sciendum illa quae docet, sicut motor essentialis educens de potentia in actum; sed ostendens rem aliquam visui corporali, excitat eum sicut motor per accidens; prout etiam habens habitum scientiae potest excitari ad considerandum de aliquo. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 13 (arriba) | |
|
A LO DECIMOTERCERO, toda la certeza de la ciencia nace de la certeza de los principios pues las conclusiones se conocen con certeza cuando se resuelven en los principios; y por eso, esto de que podamos conocer algo con certeza procede de la luz de la razón, impresa por Dios en lo interior, por la que Dios habla en nosotros, y no de un hombre que enseña exteriormente a no ser en cuanto que el que nos enseña resuelve las conclusiones en los principios; sin embargo no recibiríamos por ello la certeza de la ciencia si no habitase en nosotros la certeza de los principios en los que se resuelven las conclusiones. |
Ad decimumtertium dicendum, quod certitudo scientiae tota oritur ex certitudine principiorum: tunc enim conclusiones per certitudinem sciuntur, quando resolvuntur in principia. Et ideo hoc quod aliquid per certitudinem sciatur, est ex lumine rationis divinitus interius indito, quo in nobis loquitur Deus: non autem ab homine exterius docente, nisi quatenus conclusiones in principia resolvit, nos docens: ex quo tamen nos certitudinem scientiae non acciperemus, nisi inesset nobis certitudo principiorum, in quae conclusiones resolvuntur. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 14 (arriba) | |
|
A LO DECIMOCUARTO, el hombre que enseña exteriormente no infunde la luz inteligible sino que, en cierto modo, es la causa de la especie inteligible en cuanto nos propone ciertos signos de las intenciones inteligibles que nuestro intelecto recibe de estos signos y conserva muy en sí mismo. |
Ad decimumquartum dicendum, quod homo exterius docens non influit lumen intelligibile; sed est causa quodammodo speciei intelligibilis, inquantum proponit nobis quaedam signa intelligibilium intentionum, quas intellectus noster ab illis signis accipit, et recondit in seipso. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 15 (arriba) | |
|
A LO DECIMOQUINTO, cuando se dice |
Ad decimumquintum dicendum, quod cum dicitur: nihil potest formare mentem nisi Deus; intelligitur de ultima eius forma, sine qua informis reputatur, quotcumque alias formas habeat. Haec autem est forma illa qua ad verbum convertitur, et ei inhaeret; per quam solam natura rationalis formata dicitur, ut patet per Augustinum super Genesim ad litteram. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 16 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSEXTO, la culpa está en la afectividad en la que solamente Dios puede influir, como se verá más abajo, en el artículo siguiente. Pero la ignorancia está en la inteligencia en la que también puede influir una facultad creada, así como el intelecto agente imprime las especies inteligibles en el intelecto posible por el que, a partir de las cosas sensibles y de la enseñanza de un hombre, es causada la ciencia en nuestra alma, como se ha dicho. |
Ad decimumsextum dicendum, quod culpa est in affectu, in quem solus Deus imprimere potest, sicut infra patebit in sequenti articulo: ignorantia autem in intellectu est, in quem etiam virtus creata potest imprimere, sicut intellectus agens imprimit species intelligibiles in intellectum possibilem, quo mediante, ex rebus sensibilibus et ex doctrina hominis causatur scientia in anima nostra, ut dictum est. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 17 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSÉPTIMO, la certeza de la ciencia, según se dijo, se tiene solamente por Dios que ha impreso en nosotros la luz de la razón por la cual conocemos los principios de los que, a su vez, nace la certeza de la ciencia. No obstante, la ciencia puede también, en cierto modo, ser causada en nosotros por un hombre, como se dijo. |
Ad decimumseptimum dicendum, quod certitudinem scientiae, ut dictum est, habet aliquis a solo Deo, qui nobis lumen rationis indidit, per quod principia cognoscimus, ex quibus oritur scientiae certitudo; et tamen scientia ab homine etiam causatur in nobis quodammodo, ut dictum est. |
| De veritate, q. 11 a. 1 ad 18 (arriba) | |
|
A LO DECIMOCTAVO, el discípulo interrogado, antes del discurso del maestro, respondería por cierto acerca de los principios por los que es instruido, pero no acerca de las conclusiones que el maestro le enseña. Por tanto, no aprende del maestro los principios sino tan sólo las conclusiones. |
Ad decimumoctavum dicendum, quod discipulus ante locutionem magistri interrogatus, responderet quidem de principiis per quae docetur, non autem de conclusionibus quas quis eum docet: unde principia non discit a magistro, sed solum conclusiones. |
| De veritate, q. 11 a. 2 (arriba) | |
Artículo 2 |
ARTICULUS 2 |
| De veritate, q. 11 a. 2 tit. (arriba) | |
|
En segundo lugar se investiga: si alguien puede llamarse maestro de sí mismo Parece que sí. |
Secundo quaeritur utrum aliquis possit dici magister sui ipsius Et videtur quod sic. |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 1 (arriba) | |
|
Porque una acción más debe atribuirse a la causa principal que a la instrumental. Pero el intelecto agente es como la causa principal de la ciencia causada en nosotros, en tanto que el hombre que enseña exteriormente es como la causa instrumental que propone al intelecto agente los instrumentos por los que llega a la ciencia. Ergo, el intelecto agente enseña más que un hombre que enseña exteriormente. Por tanto, si por la locución externa, el que habla exteriormente se llama maestro de aquel que oye, mucho más se ha de llamar maestro de sí mismo al que oye, en razón de la luz del intelecto agente. |
Quia actio magis debet attribui causae principali quam instrumentali. Sed causa quasi principalis scientiae causatae in nobis est intellectus agens. Homo autem, qui docet exterius, est causa quasi instrumentalis proponens intellectui agenti instrumenta quibus ad scientiam perducat. Ergo intellectus agens magis docet quam homo exterius. Si ergo propter locutionem exteriorem, qui exterius loquitur, dicitur magister illius qui audit; multo amplius, propter lumen intellectus agentis, ille qui audit, dicendus est magister sui ipsius. |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 2 (arriba) | |
|
Además, nadie aprende a menos que alcance la certeza del conocimiento. Pero la certeza del conocimiento está en nosotros merced a los principios naturalmente conocidos en la luz del intelecto agente. Por tanto, el enseñar conviene principalmente al intelecto agente; y así lo mismo que antes. |
Praeterea, nullus aliquid addiscit nisi secundum quod ad certitudinem cognitionis pervenit. Sed certitudo cognitionis nobis inest per principia naturaliter nota in lumine intellectus agentis. Ergo intellectui agenti praecipue convenit docere; et sic idem quod prius. |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 3 (arriba) | |
|
Además, enseñar es más propio de Dios que del hombre, por esto, leemos en Mt 23, 8: |
Praeterea, docere magis proprie convenit Deo quam homini; unde Matth., c. XXIII, 8: |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 4 (arriba) | |
|
Además, saber algo por vía de invención es más perfecto que aprender por medio de otro, como consta en el Libro I de la Ética. Por tanto, si el nombre de maestro se toma de un modo de adquirir la ciencia en el que uno la aprende de otro, y así resulta ser uno el maestro del otro, con mayor razón el nombre de maestro debe tomarse del modo de recibir la ciencia por invención y así se diga que alguien es maestro de sí mismo. |
Praeterea, scire aliquid per inventionem, est perfectius quam ab alio discere, ut patet in I Ethicorum. Si igitur ex illo modo acquirendi scientiam quo aliquis ab alio addiscit scientiam, sumitur nomen magistri, ut unus alterius sit magister; multo amplius ex modo accipiendi scientiam per inventionem debet accipi nomen magistri, ut aliquis sui ipsius magister dicatur. |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 5 (arriba) | |
|
Además, así como alguien es inducido a la virtud por otro y por sí mismo, de igual modo alguien puede alcanzar la ciencia investigando por sí o aprendiendo de otro. Pero aquellos que llegan a las obras de las virtudes sin instructor exterior o sin legislador se dice que son la ley para sí mismos; en efecto, leemos en Rm 2, 14: |
Praeterea, sicut aliquis inducitur ad virtutem ab alio et a seipso, ita aliquis perducitur ad scientiam et per seipsum inveniendo, et ab alio addiscendo. Sed illi qui ad opera virtutum perveniunt sine exteriori institutore vel legislatore, dicuntur esse sibi ipsis lex; Rom. II, 14: |
| De veritate, q. 11 a. 2 arg. 6 (arriba) | |
|
Además, el docto es causa de la ciencia como el médico lo es de la salud, según se dijo (cfr. De veritate 11, a. 1). Pero el médico se sana a sí mismo. Luego, también alguien puede enseñarse a sí mismo. |
Praeterea, doctor est causa scientiae, sicut medicus sanitatis, ut dictum est. Sed medicus sanat seipsum. Ergo aliquis etiam potest seipsum docere. |
| De veritate, q. 11 a. 2 s. c. 1 (arriba) | |
|
Dice el Filósofo, en el Libro VIII de la Física, que es imposible que quien enseña aprenda porque es necesario que quien enseña tenga la ciencia y, en cambio, el que aprende no la tenga. Luego, no hay nadie que se enseñe a sí mismo o que pueda llamarse maestro de sí mismo. |
Sed contra. Est quod philosophus dicit, VIII Phys., quod impossibile est quod docens addiscat; quia docentem necesse est habere scientiam, discentem vero non habere. Ergo non potest esse quod aliquis doceat seipsum, vel dici possit sui magister. |
| De veritate, q. 11 a. 2 s. c. 2 (arriba) | |
|
Además, el magisterio comporta, al igual que el señorío, una relación de superioridad. Pero este tipo de relaciones no se da en nadie respecto de sí mismo; en efecto, nadie es padre o señor de sí mismo. Por tanto, nadie puede llamarse maestro de sí mismo. |
Praeterea, magisterium importat relationem superpositionis, sicut et dominus. Sed huiusmodi relationes non possunt inesse alicui ad seipsum: non enim aliquis est pater sui ipsius, aut dominus. Ergo nec aliquis potest dici sui ipsius magister. |
| De veritate, q. 11 a. 2 co. (arriba) | |
|
Se ha de decir que, sin lugar a dudas, alguien puede por la luz de la razón, que le ha sido dada, sin el auxilio de una enseñanza exterior, llegar al conocimiento de muchas cosas ignoradas, como consta en todo aquel que mediante la invención adquiere la ciencia. Así, en cierto modo, alguien es para sí mismo la causa del saber; sin embargo, no por esto, puede decirse, con propiedad, que es maestro de sí mismo o que se enseñe a sí mismo. En efecto, en las cosas naturales hallamos dos modos de principios de operación, como enseña el Filósofo en el libro VII de la Metafísica, pues hay cierto agente que tiene en sí todo lo que él causa en el efecto, bien de la misma manera como es en los agentes unívocos o también de manera más eminente como ocurre en los agentes equívocos. Hay otros agentes, en cambio, en los que preexiste solamente una parte de los efectos que son causados, como el movimiento causa la salud, o bien una medicina caliente, en la que el calor se halla actual o virtualmente: mas el calor no es toda la salud sino una parte de ella. En consecuencia, en los primeros agentes se da la perfecta razón de acción pero no en los agentes del segundo modo: porque un agente obra según que está en acto y, si para inducir el efecto, sólo está parcialmente en acto, no será, pues, un agente perfecto. Ahora bien, la enseñanza supone una perfecta acción de la ciencia en el docente o maestro. Por eso, es necesario que quien enseña o es maestro posea explícita y perfectamente la ciencia que causa en otro pues es así, explícita y perfectamente, como adquiere la ciencia el que la aprende por la enseñanza. Pero cuando la ciencia se adquiere mediante un principio intrínseco, el que es la causa agente de la ciencia no posee la ciencia que ha de adquirir sino sólo en parte, a saber, en lo que respecta a las razones seminales de la ciencia que son los principios comunes. Por tanto, de tal causalidad de la ciencia no puede, hablando propiamente, tomarse el nombre de doctor o de maestro. |
Responsio. Dicendum, quod absque dubio aliquis potest per lumen rationis sibi inditum, absque exterioris doctrinae adminiculo, devenire in cognitionem ignotorum multorum, sicut patet in omni eo qui per inventionem scientiam acquirit; et sic quodammodo aliquis est sibi ipsi causa sciendi, non tamen propter hoc proprie potest dici sui ipsius magister, vel seipsum docere. Duos enim modos principiorum agentium in rebus naturalibus invenimus, ut patet ex philosopho, VII Metaphys. Quoddam enim est agens quod in se totum habet quod in effectu per eum causatur; vel eodem modo, sicut est in agentibus univocis, vel etiam eminentiori, sicut est in agentibus aequivocis. Quaedam vero agentia sunt in quibus eorum quae aguntur non praeexistit nisi pars; sicut motus causat sanitatem, aut aliqua medicina calida, in qua calor invenitur vel actualiter vel virtualiter; calor autem non est tota sanitas, sed est pars sanitatis. In primis igitur agentibus est perfecta ratio actionis; non autem in agentibus secundi modi, quia secundum hoc aliquid agit quod actu est; unde, cum non sit in actu effectus inducendi nisi in parte, non erit perfecte agens. Doctrina autem importat perfectam actionem scientiae in docente vel magistro; unde oportet quod ille qui docet vel magister est, habeat scientiam quam in altero causat, explicite et perfecte, sicut in addiscente acquiritur per doctrinam. Quando autem alicui acquiritur scientia per principium intrinsecum, illud quod est causa agens scientiae, non habet scientiam acquirendam, nisi in parte: scilicet quantum ad rationes seminales scientiae, quae sunt principia communia; et ideo ex tali causalitate non potest trahi nomen doctoris vel magistri, proprie loquendo. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 1 (arriba) | |
|
A LO PRIMERO, aunque el intelecto agente es, en algún respecto, causa más principal que un hombre que enseña exteriormente, no obstante no preexiste en él por completo la ciencia como sí en el que enseña. Por esto, la objeción no es pertinente. |
Ad primum igitur dicendum, quod intellectus agens, quamvis sit principalior causa quantum ad aliquid quam homo exterius docens, tamen in eo non praeexistit scientia complete, sicut in docente; unde ratio non sequitur. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 2 (arriba) | |
|
A LO SEGUNDO, se responde como A LO PRIMERO. |
Ad secundum dicendum similiter sicut ad primum. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 3 (arriba) | |
|
A LO TERCERO, Dios conoce explícitamente todas las cosas que el hombre aprende de Él; por eso puede atribuírsele convenientemente la razón de Maestro. Pero respecto del intelecto agente sucede de un modo diverso, por la razón ya dicha en la respuesta a la primera objeción. |
Ad tertium dicendum quod Deus explicite novit omnia quae per eum homo docetur, unde sibi convenienter magistri ratio attribui potest; secus autem est de intellectu agente, ratione iam dicta. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 4 (arriba) | |
|
A LO CUARTO, aunque el modo de adquisición de la ciencia por invención sea, por parte de quien recibe la ciencia, más perfecto en cuanto que es considerado más hábil para aprender, sin embargo, por parte de quien causa la ciencia es más perfecto el modo de adquisición por la enseñanza porque quien enseña, que conoce explícitamente toda la ciencia, puede conducir a ella más expeditamente que quien se conduce por sí mismo por el hecho de que éste último tiene un preconocimiento de los principios de la ciencia de un modo más bien general. |
Ad quartum dicendum, quod quamvis modus in acquisitione scientiae per inventionem sit perfectior ex parte recipientis scientiam, inquantum designatur habilior ad sciendum; tamen ex parte scientiam causantis est modus perfectior per doctrinam: quia docens, qui explicite totam scientiam novit, expeditius potest ad scientiam inducere quam aliquis induci possit ex seipso, per hoc quod praecognoscit scientiae principia in quadam communitate. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 5 (arriba) | |
|
A LO QUINTO, la ley es en el ámbito de la operación como el principio en el ámbito especulativo, pero no como el maestro; por esta razón no se sigue que si alguno es ley para sí mismo pueda ser maestro de sí mismo. |
Ad quintum dicendum, quod hoc modo se habet lex in operabilibus sicut principium in speculativis, non autem sicut magister; unde non sequitur si aliquis sibi est lex quod sibi ipsi possit esse magister. |
| De veritate, q. 11 a. 2 ad 6 (arriba) | |
|
A LO SEXTO, el médico sana en cuanto que contiene previamente la salud no en acto sino en el conocimiento del arte; pero el maestro enseña en cuanto que tiene la ciencia en acto. Por eso, el que no tiene la salud en acto, por el hecho de que la tiene en el conocimiento del arte, puede causarse a sí mismo la salud; pero no es posible que alguien tenga y no tenga la ciencia en acto para que pueda, así, enseñarse a sí mismo. |
Ad sextum dicendum, quod medicus sanat inquantum praehabet sanitatem non in actu, sed in cognitione artis; sed magister docet inquantum actu scientiam habet. Unde ille qui non habet sanitatem in actu, ex hoc quod habet sanitatem in cognitione artis, potest in seipso sanitatem causare; non autem potest esse ut aliquis actu habeat scientiam, et non habeat, ut sic possit a seipso doceri. |
| De veritate, q. 11 a. 3 (arriba) | |
Artículo tercero |
ARTICULUS 3 |
| De veritate, q. 11 a. 3 tit. (arriba) | |
|
En tercer lugar se investiga: si un hombre puede ser instruido por un ángel. Y parece que no. |
Tertio quaeritur utrum homo ab Angelo doceri possit Et videtur quod non. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 1 (arriba) | |
|
Porque si el ángel enseña lo hace interior o exteriormente; pero no enseña interiormente porque esto sólo corresponde a Dios, como dice Agustín; tampoco exteriormente como parece, porque enseñar exteriormente consiste en enseñar mediante signos sensibles, como dice Agustín en el libro Sobre el Maestro; pero los ángeles no nos enseñan por esta clase de signos a menos que aparezcan, tal vez, de modo sensible. Por tanto, los ángeles sólo nos enseñan si, por acaso, aparecen sensiblemente lo que ocurre por fuera del curso corriente de los hechos, como por milagro. |
Quia, si Angelus docet, aut docet interius, aut exterius. Non autem interius, quia hoc solius Dei est, ut Augustinus dicit; nec exterius, ut videtur, quia docere exterius est per aliqua sensibilia signa docere, ut Augustinus dicit in Lib. de magistro: huiusmodi autem sensibilibus signis Angeli non nos docent, nisi forte sensibiliter apparentes; ergo Angeli nos non docent nisi forte sensibiliter apparentes, quod praeter communem cursum accidit, quasi per miraculum. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 2 (arriba) | |
|
Pero decía que los ángeles nos enseñan, en cierto modo, exteriormente en cuanto impresionan en nuestra imaginación. – Pero en contra, la especie impresa no es suficiente a la imaginación para imaginar en acto a no ser que exista una intención, como consta por Agustín en el libro Sobre la Trinidad; pero un ángel no puede producir en nosotros una intención puesto que ésta es acto de la voluntad en la que solamente Dios puede imprimir una moción. Por tanto, un ángel no puede enseñar ni siquiera impresionando la imaginación puesto que solamente podemos ser instruidos mediante la imaginación imaginando algo en acto. |
Sed dicebat, quod Angeli nos docent quodammodo exterius, inquantum in nostram imaginationem imprimunt.- Sed contra, species imaginationi impressa ad imaginandum in actu non sufficit, nisi adsit intentio, ut patet per Augustinum in Lib. de Trinit. Sed intentionem non potest in nobis inducere Angelus: cum intentio sit voluntatis actus, in quam solus Deus imprimere potest. Ergo nec etiam imprimendo in imaginationem Angelus docere nos potest, cum, mediante imaginatione, non possimus doceri nisi actu aliquid imaginando. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 3 (arriba) | |
|
Además, si los ángeles nos instruyen sin aparición sensible, esto no es posible sino en cuanto iluminan nuestro intelecto. Pero, según parece, no pueden iluminar nuestro intelecto porque ni comunican la luz natural, que sólo procede de Dios, pues es concreada con la mente, ni tampoco la luz de la gracia que sólo Dios infunde. Luego, sin una aparición sensible los ángeles no pueden enseñarnos. |
Praeterea, si ab Angelis docemur absque sensibili apparitione, hoc non potest esse nisi inquantum intellectum illuminant, quem illuminare non possunt, ut videtur: quia nec tradunt lumen naturale, quod a solo Deo est, utpote menti concreatum, nec etiam lumen gratiae, quam solus Deus infundit. Ergo Angeli absque visibili apparitione nos docere non possunt. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 4 (arriba) | |
|
Además, toda vez que alguno es enseñado por otro es necesario que el que aprende atienda a los conceptos del que enseña para que, de este modo, se produzca, en la mente del discípulo, el proceso de adquisición de la ciencia tal como se produce en la mente del maestro. Pero el hombre no puede ver los conceptos del ángel; en efecto, no los ve en sí mismos, como tampoco ve los conceptos de otro hombre, mucho menos distantes de los suyos que los del ángel; tampoco los ve en los signos sensibles a no ser cuando, acaso, aparecen sensiblemente, de lo que no se trata ahora. Ergo, los ángeles -a menos que aparezcan sensiblemente- no pueden enseñarnos. |
Praeterea, quandocumque unus ab alio docetur, oportet quod addiscens inspiciat conceptus docentis; ut hoc modo sit processus in mente discipuli ad scientiam, sicut est processus a scientia in mente doctoris. Homo autem non potest conceptus Angeli videre. Non enim videt eos in seipsis, sicut nec conceptus alterius hominis: immo multo minus, utpote magis distantes; nec iterum in signis sensibilibus, nisi forte quando sensibiliter apparent, de quo nunc non agitur. Ergo Angeli alias nos docere non possunt. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 5 (arriba) | |
|
Además, enseñar es propio de aquel que |
Praeterea, illius est docere |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 6 (arriba) | |
|
Además, quienquiera enseña a otro lo conduce a la verdad y así causa en su alma la verdad. Pero sólo Dios tiene causalidad sobre la verdad porque, dado que la verdad es luz inteligible y forma simple, no emerge al ser de modo sucesivo y, así, sólo puede ser producida por creación la que compete exclusivamente a Dios. Por tanto, puesto que los ángeles no son creadores, como dice Damasceno [en Sobre la fe ortodoxa], parece que ellos no puedan enseñar. |
Praeterea, quicumque alium docet, eum ad veritatem inducit, et sic veritatem in anima eius causat. Sed solus Deus causalitatem habet supra veritatem; quia cum veritas sit lux intelligibilis et forma simplex, non exit in esse successive, et ita non potest produci nisi per creationem, quod soli Deo competit. Cum ergo Angeli non sint creatores, ut Damascenus dicit, videtur quod ipsi docere non possint. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 7 (arriba) | |
|
Además, una iluminación indeficiente sólo puede proceder de una luz indeficiente por lo que, retirada la luz, el sujeto deja de ser iluminado. Pero en la enseñanza se exige una cierta iluminación indeficiente porque la ciencia trata de cosas necesarias, que existen siempre; por tanto, la enseñanza sólo procede de una luz indeficiente. Pero la luz angélica no es de esta suerte puesto que la luz de los ángeles desfallecería si Dios no la conservare. Luego, el ángel no puede enseñar. |
Praeterea, indeficiens illuminatio non potest procedere nisi a lumine indeficienti, eo quod abeunte lumine subiectum illuminari desinit. Sed in doctrina exigitur indeficiens quaedam illuminatio, eo quod scientia de necessariis est, quae semper sunt. Ergo doctrina non procedit nisi a lumine indeficienti. Huiusmodi autem non est lumen angelicum, cum eorum lumen deficeret, nisi divinitus conservaretur. Ergo Angelus non potest docere. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 8 (arriba) | |
|
Además, se dice en Jn 1, 38 que dos de los discípulos de Juan el Bautista que seguían a Jesús, al preguntarles Él: |
Praeterea, Ioann., I, 38, dicitur, quod duo ex discipulis Ioannis sequentes Iesum, ei interroganti, |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 9 (arriba) | |
|
Además, quienquiera que enseña es necesario que manifieste la verdad; pero la verdad, puesto que es una cierta luz inteligible, es para nosotros más manifiesta que la substancia angélica. Luego, no somos instruidos por el ángel porque lo más evidente no se manifiesta por lo menos evidente. |
Praeterea, quicumque docet, oportet quod veritatem manifestet. Sed veritas, cum sit quaedam lux intelligibilis, est magis nobis nota quam Angelus. Ergo per Angelum non docemur, cum magis nota per minus nota non manifestentur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 10 (arriba) | |
|
Además, dice Agustín en el libro Sobre la Trinidad que nuestra mente es formada inmediatamente por Dios sin que se interponga ninguna creatura; pero el ángel es una creatura; por tanto, no se interpone entre Dios y la mente humana para formarla como una mente superior a ella e inferior a Dios, y, de modo, no puede un hombre ser instruido por un ángel. |
Praeterea, Augustinus dicit in Lib. de Trinit., quod mens nostra, nulla interposita creatura, immediate a Deo formatur. Angelus autem quaedam creatura est. Ergo non interponitur inter Deum et mentem humanam ad eam formandam, quasi superior mente, et inferior Deo; et sic homo per Angelum doceri non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 11 (arriba) | |
|
Además, así como nuestro afecto llega hasta Dios, así también nuestro intelecto puede llegar hasta la contemplación de la divina esencia. Pero el mismo Dios forma inmediatamente nuestro afecto por la infusión de la gracia sin la mediación de ningún ángel. Por tanto, también forma nuestro intelecto mediante la enseñanza, sin intermediario alguno. |
Praeterea, sicut affectus noster pertingit usque ad ipsum Deum, ita intellectus noster usque ad eius essentiam contemplandam pertingere potest. Sed ipse Deus immediate affectum nostrum format per gratiae infusionem, nullo Angelo mediante. Ergo et intellectum nostrum format per doctrinam, nullo mediante. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 12 (arriba) | |
|
Además, todo conocimiento se realiza por medio de alguna especie; por tanto, si un ángel enseña a un hombre es necesario que cause en él alguna especie por la que conozca, lo que sólo es posible o bien, creando una especie, lo que de ningún modo compete al ángel como quiere Damasceno [en Sobre la fe ortodoxa], o bien, iluminado las especies que están en las imágenes para que a partir de ellas resulten especies inteligibles en el intelecto posible humano, pero esto último parece volver al error de aquellos filósofos que sostienen que el intelecto agente, cuyo oficio es iluminar las imágenes, es una substancia separada y, así, el ángel no puede enseñar. |
Praeterea, omnis cognitio est per aliquam speciem. Si ergo Angelus hominem doceat, oportet quod speciem aliquam in eo causet, per quam cognoscat; quod esse non potest, nisi vel creando speciem, quod nullo modo Angelo competit, ut vult Damascenus; vel illuminando species quae sunt in phantasmatibus, ut ab his species intelligibiles in intellectu possibili humano resultent: et hoc videtur redire in errorem illorum philosophorum qui ponunt, intellectum agentem, cuius officium est illuminare phantasmata, esse substantiam separatam; et sic Angelus docere non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 13 (arriba) | |
|
Además, el intelecto del ángel dista más del intelecto del hombre que el intelecto del hombre de la imaginación humana. Pero la imaginación no puede recibir lo que hay en el intelecto humano: en efecto, la imaginación no puede sino percibir formas particulares y de éstas carece el intelecto. Por tanto, el intelecto humano tampoco es capaz de recibir lo que está en la mente angélica; y así un hombre no puede ser instruido por un ángel. |
Praeterea, plus distat intellectus Angeli ab intellectu hominis quam intellectus hominis ab imaginatione humana. Sed imaginatio non potest accipere illud quod est in intellectu humano; non enim imaginatio potest capere nisi formas particulares, quales intellectus non continet. Ergo nec intellectus humanus est capax eorum quae sunt in mente angelica; et sic homo per Angelum doceri non potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 14 (arriba) | |
|
Además, la luz por la que algo es iluminado debe ser proporcionada a las cosas iluminadas como la luz corporal lo es a los colores. Pero la luz angélica, puesto que es puramente espiritual, no resulta proporcionada a las imágenes que son, en cierto modo, corpóreas por estar contenidas en un órgano corporal. Ergo, los ángeles no pueden enseñarnos iluminado nuestras imágenes, como se dijo. |
Praeterea, lux qua aliquid illuminatur, debet esse illuminatis proportionata, sicut lux corporalis coloribus. Sed lux angelica, cum sit pure spiritualis, non est proportionata phantasmatibus, quae sunt quodammodo corporalia, utpote organo corporali contenta. Ergo Angeli non possunt nos docere illuminando nostra phantasmata, ut dicebatur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 15 (arriba) | |
|
Además, todo lo que es conocido lo es o por su esencia o por una semejanza; pero el ángel no puede causar el conocimiento por el que la mente humana conoce las cosas por su esencia porque de ser así sería necesario que las potencias y otras cosas que se contienen dentro del alma fuesen impresas por los mismos ángeles puesto que las tales se conocen por su esencia. De modo similar, tampoco pueden los ángeles causar el conocimiento de las cosas que se conocen por sus semejanzas puesto que las cosas que deben ser conocidas están más próximas que el ángel a las semejanzas que están en el cognoscente. Ergo, de ningún modo puede un ángel ser para un hombre la causa del conocimiento; que esto es enseñar. |
Praeterea, omne quod cognoscitur, aut cognoscitur per essentiam suam, aut per similitudinem. Sed cognitio qua res cognoscuntur per essentiam suam a mente humana, non potest per Angelum causari; quia sic oporteret quod virtutes, et alia quae intra animam continentur, ab ipsis Angelis imprimerentur, cum talia per sui essentiam cognoscantur. Similiter nec per eos causari potest cognitio rerum quae per suas similitudines cognoscuntur; cum ipsis similitudinibus, quae sunt in cognoscente, propinquiores sint res cognoscendae quam Angelus. Ergo nullo modo Angelus homini potest esse cognitionis causa, quod est docere. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 16 (arriba) | |
|
Además, aunque un agricultor incite, exteriormente, a la naturaleza a producir los efectos naturales, no por ello se dice que es creador, como consta por Agustín en Sobre el Génesis a la letra. Luego, por pareja razón, los ángeles no pueden llamarse doctores ni maestros porque inciten el intelecto del hombre a conocer. |
Praeterea, agricola quamvis exterius naturam excitet ad naturales effectus, non tamen dicitur creator, ut per Augustinum patet super Genes. ad Litt. Ergo, pari ratione, nec Angeli debent dici doctores vel magistri, quamvis intellectum hominis excitent ad sciendum. |
| De veritate, q. 11 a. 3 arg. 17 (arriba) | |
|
Además, puesto que el ángel es superior al hombre es necesario que, si enseña, su enseñanza supere a la enseñanza humana. Pero esto no es posible pues el hombre puede enseñar las cosas que tienen causas determinadas en la naturaleza; otras cosas, en cambio, como los futuros contingentes, no pueden ser enseñadas por los ángeles pues por su misma naturaleza carecen del conocimiento de ellas; solamente Dios tiene la ciencia de tales cosas futuras. Por tanto, los ángeles no pueden instruir a los hombres. |
Praeterea, cum Angelus sit homine superior; si docet, oportet quod eius doctrina doctrinam humanam excellat. Sed hoc esse non potest. Homo enim docere potest de his quae habent causas determinatas in natura. Alia vero, utpote futura contingentia, ab Angelis doceri non possunt, cum ipsi naturali cognitione eorum sint ignari, solo Deo talium futurorum scientiam habente. Ergo Angeli docere non possunt homines. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 1 (arriba) | |
|
PERO EN CONTRA Dice Dionisio, en el capítulo 4 de La Celeste Jerarquía, |
Sed contra. Est quod dicit Dionysius, cap. IV Caelest. Hierarch.: video quod divinum Christi humanitatis mysterium Angeli primum docuere, deinde per ipsos in nos scientiae gratia descendit. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 2 (arriba) | |
|
Además, |
Praeterea, quod potest inferior, potest et superior et multo nobilius, ut patet per Dionysium in caelesti hierarchia; sed hominum ordo est inferior quam ordo Angelorum; cum ergo homo possit hominem docere, multo fortius hoc Angelus potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 3 (arriba) | |
|
Además, el orden de la divina sabiduría se encuentra más perfectamente en las substancias espirituales que en las corporales. Pero pertenece al orden de los cuerpos inferiores el que éstos consigan sus perfecciones por la impresión de los cuerpos superiores. Luego, también los espíritus inferiores, a saber, los humanos, consiguen la perfección de la ciencia por la impresión de los espíritus superiores, es decir, de los ángeles. |
Praeterea, ordo divinae sapientiae perfectius invenitur in spiritualibus substantiis quam etiam in corporalibus; sed ad ordinem inferiorum corporum hoc pertinet ut inferiora corpora perfectiones suas consequantur ex impressione corporum superiorum; ergo etiam inferiores spiritus, scilicet humani, perfectionem scientiae assequuntur ex impressione superiorum spirituum, scilicet Angelorum. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 4 (arriba) | |
|
Además, todo lo que está en potencia puede reducirse al acto por lo que está en acto y lo que está menos en acto por lo que está en acto más perfecto. Pero el intelecto angélico está más en acto que el intelecto humano. Por tanto, el intelecto humano puede ser reducido al acto de la ciencia por el intelecto angélico y, de este modo, un ángel puede enseñar a un hombre. |
Praeterea, omne quod est in potentia reduci potest in actum per id quod est in actu; et quod est minus in actu, per id quod est in actu perfectius. Sed intellectus angelicus est magis in actu quam intellectus humanus. Ergo intellectus humanus potest reduci in actum scientiae per intellectum angelicum; et sic Angelus hominem docere potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 5 (arriba) | |
|
Además, dice Agustín en el libro Del bien de la perseverancia que algunos reciben la doctrina de la salvación directamente de Dios, otros de un ángel, otros, en cambio, de un hombre. Por tanto, no solamente Dios enseña sino, también, el ángel y el hombre. |
Praeterea, Augustinus dicit, in Lib. de bono perseverantiae, quod doctrinam salutis quidam a Deo accipiunt immediate, quidam ab Angelo, quidam vero ab homine. Ergo non solus Deus sed et Angelus et homo docet. |
| De veritate, q. 11 a. 3 s. c. 6 (arriba) | |
|
Además, se dice que ilumina la casa tanto el que emite la luz, como el sol, cuanto quien abre la ventana que obstruye el paso de la luz. Pero aun cuando solamente Dios infunda en la mente la luz de la verdad, pueden, sin embargo, un ángel o un hombre, remover algún impedimento para percibir la luz. Luego, no sólo Dios sino un ángel o un hombre pueden enseñar. |
Praeterea, illuminare domum dicitur et immittens lumen, sicut sol, et aperiens fenestram, quae lumini obstat. Sed quamvis solus Deus lumen veritatis menti infundat, tamen Angelus vel homo potest aliquod impedimentum luminis percipiendi amovere. Ergo non solus Deus, sed Angelus vel homo docere potest. |
| De veritate, q. 11 a. 3 co. (arriba) | |
|
RESPUESTA. Se ha de decir que respecto del hombre el ángel actúa de dos modos. Uno, según nuestro propio modo, a saber, cuando se aparece sensiblemente a un hombre, sea asumiendo un cuerpo, sea de cualquier otro modo, instruyéndolo por medio de una locución sensible; pero como de este modo -y no de otro- el ángel enseña igual que enseña un hombre, no nos interesa, ahora, discurrir acerca de ello. De un segundo modo, el ángel opera respecto de nosotros según su modo propio, es decir, invisiblemente; la intención de esta cuestión es indagar de qué manera un hombre puede ser instruido por un ángel según este último modo. En consecuencia, se ha de saber que, puesto que el ángel ha sido constituido intermedio entre el hombre y Dios, le compete, según el orden de la naturaleza, un modo intermedio de enseñar, ciertamente inferior a Dios pero superior al hombre. Que esto sea verdadero no puede percibirse de otro modo que examinando de qué manera enseña Dios y de que manera enseña el hombre. Para evidencia de lo cual hemos de saber que entre el intelecto y la visión corpórea existe esta diferencia: todos los objetos visibles se hallan igualmente próximos a la visión corporal en lo que atañe a su conocimiento, pues el sentido no es una potencia comparativa como que a partir de uno de sus objetos tenga necesariamente que llegar a otro; en cambio, no todos los objetos inteligibles están igualmente cercanos al intelecto sino que a algunos los percibe de inmediato, al instante, mientras que a otros sólo los conoce a partir de cosas previamente vistas. Por tanto, el hombre alcanza el conocimiento de lo desconocido por dos vías, a saber, por la luz intelectual y por las primeras concepciones evidentes de suyo que se comparan a esa luz, que es el intelecto agente, como los instrumentos al artífice.
Pues bien, en cuanto a estas dos vías Dios es la causa de la ciencia del hombre de modo excelentísimo porque dotó al alma de la luz intelectual y le imprimió el conocimiento de los primeros principios que son como las semillas de las ciencias, como también imprimió a las otras cosas naturales las razones seminales de todos los efectos que producen.
Pero el hombre, puesto que según el orden de la naturaleza es respecto de otro hombre un par en la especie de la luz intelectual, de ningún modo puede ser para otro hombre la causa de la ciencia, causando o aumentando en él la luz intelectual. Mas si consideramos esa ciencia de lo desconocido que es causada por los principios evidentes de suyo, un hombre sí puede, en cierto modo, ser la causa del conocimiento en otro hombre, no como quien transmite el conocimiento de los principios sino como quien educe en acto, por medio de ciertos signos sensibles presentados al sentido exterior, lo que de algún modo se contenía en potencia en los principios, como más arriba se dijo.
El ángel, en cambio, puesto que posee naturalmente una luz intelectual más perfecta que la humana, puede ser causa de la ciencia para el hombre por una y otra vía, aunque de modo inferior a Dios y superior al hombre. En efecto, por parte de la luz, aunque no pueda infundir la luz intelectual como lo hace Dios, puede sin embargo, fortalecer la luz infusa para conocer más perfectamente, pues todo lo que está en un género imperfecto, cuando se continúa en otro más perfecto, fortalece más su potencia en aquel género; como vemos que sucede en los cuerpos toda vez que un cuerpo contenido en un lugar es reforzado por el cuerpo que lo contiene el que se compara con él como el acto a la potencia, según se dice en el libro IV de la Física. También por parte de los principios puede el ángel enseñar al hombre no, por cierto, transmitiéndole el conocimiento de los principios, como hace Dios, ni tampoco la deducción de las conclusiones a partir de los principios proponiendo signos sensibles, como hace el hombre, sino produciendo algunas formas en la imaginación las que pueden formarse mediante una conmoción de un órgano corpóreo, como se manifiesta en los que duermen y en los enfermos mentales los que según una diversidad de vapores que ascienden a la cabeza padecen diversas imágenes o alucinaciones. Y de este modo “ |
Responsio. Dicendum, quod Angelus circa hominem dupliciter operatur. Uno modo secundum modum nostrum; quando scilicet homini sensibiliter apparet, vel corpus assumendo, vel quocumque alio modo, et eum per locutionem sensibilem instruit. Et sic nunc non quaerimus de Angeli doctrina; hoc enim modo non aliter Angelus quam homo docet. Alio modo circa nos Angelus operatur per modum suum, scilicet invisibiliter; et secundum hunc modum qualiter homo ab Angelo possit doceri huius quaestionis intentio est. Sciendum est igitur, quod, cum Angelus medius sit inter hominem et Deum, secundum ordinem naturae medius modus docendi sibi competit, inferior quidem Deo, sed superior homine. Quod qualiter sit verum, percipi non potest, nisi videatur qualiter docet Deus, et qualiter homo. Ad cuius evidentiam sciendum est, quod inter intellectum et corporalem visum haec est differentia: quod visui corporali omnia sua obiecta aequaliter sunt propinqua ad cognoscendum; sensus enim non est vis collativa, ut ex uno obiectorum suorum necesse habeat pervenire in aliud. Sed intellectui non omnia intelligibilia aequaliter vicina sunt ad cognoscendum; sed quaedam statim conspicere potest, quaedam vero non conspicit nisi ex aliis prius inspectis. Sic igitur homo ignotorum cognitionem per duo accipit; scilicet per lumen intellectuale, et per primas conceptiones per se notas, quae comparantur ad istud lumen, quod est intellectus agentis, sicut instrumenta ad artificem. Quantum igitur ad utrumque, Deus hominis scientiae causa est excellentissimo modo; quia et ipsam animam intellectuali lumine insignivit, et notitiam primorum principiorum ei impressit, quae sunt quasi seminaria scientiarum; sicut et aliis rebus naturalibus impressit seminales rationes omnium effectuum producendorum. Homo autem, quia secundum ordinem naturae alteri homini par est in specie intellectualis luminis, nullo modo potest alteri homini causa scientiae existere, in eo lumen causando vel augendo. Sed ex parte illa qua scientia ignotorum per principia per se nota causatur, alteri homini causa sciendi quodammodo existit, non sicut notitiam principiorum tradens, sed sicut id quod implicite, et quodammodo in potentia, in principiis continebatur educendo in actum per quaedam signa sensibilia exteriori sensui ostensa, sicut supra dictum est. Angelus vero, quia naturaliter habet lumen intellectuale perfectius quam homo, ex utraque parte potest homini esse causa sciendi; tamen inferiori modo quam Deus, et superiori quam homo. Ex parte enim luminis, quamvis non possit intellectuale lumen infundere, ut Deus facit, potest tamen lumen infusum confortare ad perfectius inspiciendum. Omne enim quod est in aliquo genere imperfectum, quando continuatur perfectiori in genere illo, magis confortatur virtus eius; sicut etiam videmus in corporibus, quod corpus locatum confortatur per corpus locans, quod comparatur ad ipsum ut actus ad potentiam, ut habetur IV Physic. Ex parte etiam principiorum potest Angelus hominem docere, non quidem ipsorum principiorum notitiam tradendo, ut Deus facit, neque deductionem conclusionum ex principiis sub signis sensibilibus proponendo, ut homo facit; sed in imaginatione aliquas formas formando, quae formari possunt ex commotione organi corporalis; sicut patet in dormientibus et mente captis, qui secundum diversitatem fumositatum ad caput ascendentium diversa phantasmata patiuntur. Et hoc modo, |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 1 (arriba) | |
|
A LO PRIMERO, el ángel que enseña invisiblemente enseña, por cierto, interiormente por comparación con la enseñanza del hombre que propone la doctrina a los sentidos exteriores; pero por comparación con la enseñanza de Dios, que opera en el interior de la mente infundiendo la luz intelectual, la enseñanza del ángel se ha de considerar como exterior. |
Ad primum igitur dicendum, quod Angelus invisibiliter docens, docet quidem interius per comparationem ad doctrinam hominis, qui sensibus exterioribus doctrinam proponit; sed per comparationem ad doctrinam Dei, qui intra mentem operatur, lumen infundendo, doctrina Angeli exterior reputatur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 2 (arriba) | |
|
A LO SEGUNDO, aunque la intención de la voluntad no puede ser obligada, sin embargo la intención de la parte sensitiva sí puede serlo, como cuando alguien recibe una herida punzante tiene que atender, necesariamente, a la lesión. Lo mismo se dice, también, de las otras potencias sensitivas que utilizan un órgano corpóreo; y tal intención basta a la imaginación. |
Ad secundum dicendum, quod quamvis intentio voluntatis cogi non possit, tamen intentio sensitivae partis cogi potest: sicut cum quis pungitur, necesse habet intendere ad laesionem; et ita est etiam de omnibus aliis virtutibus sensitivis, quae utuntur organo corporali; et talis intentio sufficit ad imaginationem. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 3 (arriba) | |
|
A LO TERCERO, el ángel ni infunde la luz de la gracia ni la de la naturaleza sino que fortalece la luz de la naturaleza, infundida por Dios, como se ha dicho. |
Ad tertium dicendum, quod Angelus nec lumen gratiae infundit, nec lumen naturae; sed lumen naturae divinitus infusum confortat, ut dictum est. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 4 (arriba) | |
|
A LO CUARTO, así como en las cosas naturales hay un agente unívoco que imprime la forma del mismo modo que la posee, y un agente equívoco que la posee de modo distinto al que la imprime, así también sucede respecto de la enseñanza porque el hombre enseña al hombre como un agente unívoco. Por esta razón, un hombre transmite a otro la ciencia según el mismo modo que él la posee, es decir, deduciendo las causas en los seres causados; en consecuencia, resulta necesario que los conceptos del que enseña se hagan manifiestos, mediante algunos signos, al que aprende. Pero el ángel enseña como un agente equívoco; en efecto, él conoce intelectualmente lo que al hombre se le manifiesta por vía racional. Por eso el hombre es instruido por el ángel pero no de manera que lo que el ángel entiende y concibe se haga manifiesto y evidente al hombre, sino de modo que sea causada en el hombre, según su propio modo humano, la ciencia de las cosas que el ángel conoce de manera muy distinta. |
Ad quartum dicendum, quod sicut in naturalibus est agens univocum, quod eodem modo imprimit formam sicut eam habet, et agens aequivocum, quod alio modo habet quam imprimat; ita etiam est et de doctrina, quia homo docet hominem quasi univocum agens: unde per illum modum scientiam alteri tradit quo ipse eam habet, scilicet deducendo causas in causata. Unde oportet quod ipsi conceptus docentis patefiant per aliqua signa discenti. Sed Angelus docet quasi agens aequivocum: ipse enim intellectualiter cognoscit quod homini per viam rationis manifestatur. Unde non hoc modo ab Angelo docetur quod Angeli conceptus homini patefiant; sed quia in homine scientia causatur, secundum suum modum, earum rerum quas Angelus longe alio modo cognoscit. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 5 (arriba) | |
|
A LO QUINTO, el Señor habla del modo de enseñanza que sólo compete a Dios, como consta por la Glosa en ese mismo lugar; y no atribuimos al ángel este modo de enseñar. |
Ad quintum dicendum, quod dominus loquitur de illo modo doctrinae qui soli Deo competit, ut patet per Glossam, ibidem; et hunc modum docendi Angelo non adscribimus. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 6 (arriba) | |
|
A LO SEXTO, el que enseña no causa la verdad sino el conocimiento de la verdad en el que aprende. En efecto, las proposiciones que se enseñan son verdaderas aún antes de ser enseñadas porque la verdad no depende de nuestra ciencia sino de la existencia de las cosas. |
Ad sextum dicendum, quod ille qui docet, non causat veritatem, sed causat cognitionem veritatis in discente. Propositiones enim quae docentur, sunt verae etiam antequam sciantur, quia veritas non dependet a scientia nostra, sed ab existentia rerum. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 7 (arriba) | |
|
A LO SÉPTIMO, aunque la ciencia que nosotros adquirimos mediante la enseñanza es una ciencia de realidades indeficientes no obstante la ciencia en sí misma puede ser deficiente. Por tanto, no es necesario que la iluminación de la enseñanza se realice por una luz indeficiente; o bien, si procede de una luz indeficiente como de un primer principio, no se excluye, sin embargo, por completo una luz creada defectible que pudiera ser como un principio intermedio. |
Ad septimum dicendum, quod quamvis scientia quae a nobis acquiritur per doctrinam, sit de rebus indeficientibus, tamen ipsa scientia deficere potest: unde non oportet quod illuminatio doctrinae sit a lumine indeficienti; vel si est a lumine indeficienti sicut a primo principio, non tamen excluditur omnino lumen creatum defectibile, quod possit esse sicut principium medium. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 8 (arriba) | |
|
A LO OCTAVO, en los discípulos de Cristo se aprecia un cierto progreso de la fe de modo que, primero, lo veneraron como a hombre sabio y maestro y, después, le reconocieron como a Dios que enseña. Por esto, cierta Glosa, un poco más abajo, dice: |
Ad octavum dicendum, quod in discipulis Christi notatur quidam fidei profectus, ut primo eum venerarentur quasi hominem sapientem et magistrum, et postea ei intenderent quasi Deo docenti. Unde quaedam Glossa, parum infra, dicit: |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 9 (arriba) | |
|
A LO NOVENO, el ángel no manifiesta la verdad desconocida como que muestre su propia substancia sino proponiendo otra verdad más conocida o, también, auxiliando la luz del intelecto. Por tanto, el argumento expuesto no es pertinente. |
Ad nonum dicendum, quod Angelus non manifestat veritatem ignotam per hoc quod substantiam suam demonstret; sed aliam veritatem magis notam proponendo, vel etiam lumen intellectus confortando. Unde ratio non sequitur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 10 (arriba) | |
|
A LO DÉCIMO, no es intención de Agustín negar que la mente angélica sea de una naturaleza más excelente que la mente humana, sino afirmar que el ángel no está situado en el medio entre Dios y la mente humana de tal modo que ésta por unión al ángel sea formada en su última formación, como sostuvieron algunos que afirmaron que la bienaventuranza última del hombre consiste en que nuestro intelecto se continúe con una inteligencia cuya beatitud reside en que se continúe con el mismo Dios. |
Ad decimum dicendum, quod intentio Augustini non est dicere quin mens angelica sit excellentioris naturae quam mens humana; sed quia non ita cadit Angelus medius inter Deum et mentem humanam, ut mens humana per coniunctionem ad Angelum ultima formatione formetur; ut quidam posuerunt, quod in hoc consistit ultima hominis beatitudo, quod intellectus noster intelligentiae continuetur, cuius beatitudo est in hoc quod continuatur ipsi Deo. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 11 (arriba) | |
|
A LO DECIMOPRIMERO, hay en nosotros ciertas facultades que están constreñidas por parte del sujeto y del objeto, como las facultades sensitivas que son excitadas por alteración del órgano y por la intensidad del objeto. El intelecto, en cambio, no está constreñido por parte del sujeto dado que no utiliza órgano corporal, pero está obligado por parte del objeto porque por la eficacia de la demostración debe obligatoriamente asentir a la conclusión. La afectividad, en cambio, no se constriñe ni por parte el sujeto ni por parte del objeto sino que por propio instinto se mueve hacia esto o aquello. Por tanto, en el afecto sólo puede influir Dios que opera interiormente; pero en el intelecto puede, en cierto modo, influir también el hombre o el ángel representando objetos que mueven al intelecto. |
Ad undecimum dicendum, quod in nobis sunt quaedam vires quae coguntur ex subiecto et obiecto, sicut vires sensitivae, quae excitantur et per commotionem organi, et per fortitudinem obiecti. Intellectus vero non cogitur ex subiecto, cum non utatur organo corporali; sed cogitur ex obiecto, quia ex efficacia demonstrationis cogitur quis conclusioni consentire. Affectus vero neque ex subiecto neque ex obiecto cogitur, sed proprio instinctu movetur in hoc vel illud: unde in affectum non potest imprimere nisi Deus, qui interius operatur. Sed in intellectum potest imprimere, quodammodo, etiam homo vel Angelus, repraesentando obiecta quibus intellectus cogatur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 12 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSEGUNDO, el ángel ni crea la especie en nuestra mente ni ilumina inmediatamente las imágenes; pero por la continuación de su luz con la luz de nuestro intelecto, puede éste iluminar las imágenes con mayor eficacia. No obstante, si también se diese el que iluminare inmediatamente las imágenes, no se seguiría por esto que la posición de aquellos filósofos fuese verdadera pues aunque lo propio del intelecto agente es iluminar las imágenes puede decirse, sin embargo, que esta iluminación no es exclusivamente suya. |
Ad duodecimum dicendum, quod Angelus neque creat species in mente nostra, neque immediate phantasmata illuminat; sed per continuationem luminis eius cum lumine intellectus nostri, noster intellectus potest efficacius phantasmata illustrare. Et tamen si etiam immediate phantasmata illustraret, non propter hoc sequeretur quod positio illorum philosophorum esset vera: quamvis enim intellectus agentis sit illustrare phantasmata, posset tamen dici, quod non eius solius. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 13 (arriba) | |
|
A LO DECIMOTERCERO, la imaginación puede recibir las cosas que están en el intelecto humano pero de otro modo; y similarmente, el intelecto humano puede tomar aquellas cosas que están en el intelecto angélico a su modo. Sin embargo, aunque el intelecto del hombre convenga más en el sujeto con la imaginación en cuanto que uno y otra son potencias de una única alma, no obstante conviene más con el intelecto angélico en el género porque ambos son facultades inmateriales. |
Ad decimumtertium dicendum, quod imaginatio potest accipere ea quae sunt in intellectu humano, sed per alium modum; et similiter intellectus humanus potest capere quae sunt in intellectu angelico, suo modo. Sed tamen, quamvis intellectus hominis magis conveniat cum imaginatione subiecto, inquantum sunt unius animae potentiae; tamen cum intellectu angelico magis convenit genere, quia uterque est immaterialis virtus. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 14 (arriba) | |
|
A LO DECIMOCUARTO, nada prohíbe que lo espiritual sea proporcionado al hecho de que opera en lo corporal porque nada impide que las cosas inferiores padezcan el influjo de las superiores. |
Ad decimumquartum dicendum, quod spirituale nihil prohibet esse proportionatum ad hoc quod in corporale agat, quia nihil prohibet quod inferiora a superioribus patiantur. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 15 (arriba) | |
|
A LO DECIMOQUINTO, el ángel no es causa para el hombre en cuanto al conocimiento por el que conoce las cosas por esencia sino en cuanto aquel por el que conoce mediante semejanzas; no porque el ángel esté más próximo a las cosas que sus semejanzas sino en cuanto produce la semejanza de las cosas en la mente, sea moviendo la imaginación, sea auxiliando a la luz del intelecto. |
Ad decimumquintum dicendum, quod Angelus non est causa homini quantum ad illam cognitionem qua cognoscit res per essentiam, sed quantum ad illam qua cognoscit per similitudines; non quod Angelus sit propinquior rebus quam earum similitudines, sed inquantum facit rerum similitudines in mente resultare, vel movendo imaginationem, vel lumen intellectus confortando. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 16 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSEXTO, crear comporta la causalidad primera que sólo es debida a Dios; hacer, en cambio, comporta la causalidad en general; y similarmente, enseñar en cuanto a la ciencia. Por esto sólo Dios se dice Creador, pero hacedor y doctor puede decirse de Dios, del ángel y del hombre. |
Ad decimumsextum dicendum, quod creare importat causalitatem primam, quae soli Deo debetur; facere vero importat causalitatem communiter, et similiter docere quantum ad scientiam. Et ideo solus Deus dicitur creator; sed factor et doctor potest dici et Deus et Angelus et homo. |
| De veritate, q. 11 a. 3 ad 17 (arriba) | |
|
A LO DECIMOSÉPTIMO, de aquellas cosas que tienen causas determinadas en la naturaleza puede también enseñar mucho más el ángel que el hombre como puede, también, conocer mucho más; asimismo, puede enseñar de modo mucho más noble las cosas que enseña. Por tanto, la objeción no es pertinente. |
Ad decimumseptimum dicendum, quod etiam de his quae habent causas determinatas in natura, potest plura docere Angelus quam homo, sicut et plura cognoscit; et ea etiam quae docet, nobiliori modo docere: unde ratio non sequitur. |
| De veritate, q. 11 a. 4 (arriba) | |
Artículo cuarto |
ARTICULUS 4 |
| De veritate, q. 11 a. 4 tit. (arriba) | |
|
En cuarto lugar se investiga: si enseñar es acto de la vida activa o de la vida contemplativa. Parece que es acto de la vida contemplativa. |
Quarto quaeritur utrum docere sit actus vitae activae vel contemplativae Et videtur quod sit actus contemplativae. |
| De veritate, q. 11 a. 4 arg. 1 (arriba) | |
|
En efecto, |
|
| De veritate, q. 11 a. 4 arg. 2 (arriba) | |
|
Además, como dice Gregorio en Sobre Ezequiel, |
Praeterea, sicut dicit Gregorius super Ezech., |
| De veritate, q. 11 a. 4 arg. 3 (arriba) | |
|
Además, como dice Gregorio, en el mismo lugar, |
Praeterea, ut Gregorius dicit ibidem, activa vita dum occupatur in opere, minus videt. Sed ille qui docet, necesse habet magis videre quam ille qui simpliciter contemplatur. Ergo docere magis est contemplativae quam activae. |
| De veritate, q. 11 a. 4 arg. 4 (arriba) | |
|
Además, por uno y mismo principio cada cosa es perfecta en sí misma y capaz de transmitir a otros una perfección similar, como el fuego, por el mismo calor, es caliente y calienta. Pero que alguien sea en sí mismo perfecto en la consideración de las cosas divinas pertenece a la vida contemplativa; ergo, también la enseñanza que es la transmisión de esa misma perfección a otro, pertenece a la vida contemplativa. |
Praeterea, unumquodque per idem est in se perfectum et aliis similem perfectionem tradens, sicut per eumdem calorem ignis est calidus et calefaciens. Sed aliquem esse perfectum in consideratione divinorum in seipso, pertinet ad vitam contemplativam. Ergo et doctrina, quae est eiusdem perfectionis transfusio in alium, ad vitam contemplativam pertinet. |
| De veritate, q. 11 a. 4 arg. 5 (arriba) | |
|
Además, la vida activa se ocupa de las cosas temporales; pero la enseñanza se ocupa principalmente de las cosas eternas pues la enseñanza de ellas es más perfecta y excelente. Luego, enseñar no pertenece a la vida activa sino a la contemplativa. |
Praeterea, vita activa circa temporalia versatur. Sed doctrina praecipue versatur circa aeterna illorum enim excellentior est doctrina et perfectior. Ergo doctrina non pertinet ad vitam activam, sed contemplativam. |
| De veritate, q. 11 a. 4 s. c. 1 (arriba) | |
|
Dice Gregorio en la misma Homilía: |
Sed contra. Est quod Gregorius, in eadem homilia, dicit: |
| De veritate, q. 11 a. 4 s. c. 2 (arriba) | |
|
Además, las obras de misericordia pertenecen a la vida activa; pero enseñar se cuenta entre las limosnas espirituales. Por tanto, enseñar pertenece a la vida activa. |
Praeterea, opera misericordiae ad vitam activam pertinent. Sed docere inter eleemosynas spirituales computatur. Ergo docere est vitae activae. |
| De veritate, q. 11 a. 4 co. (arriba) | |
|
RESPUESTA. Se ha de decir que la vida contemplativa y la vida activa se distinguen entre sí por la materia y por el fin. En efecto, la materia de la vida activa son las cosas temporales acerca de las que versa el quehacer humano; pero la materia de la vida contemplativa son las razones cognoscibles de las cosas a las que se aplica el contemplativo. Esta diversidad de materia procede de la diversidad de fin como también ocurre en las demás cosas en las que la materia se determina según la exigencia del fin. El fin de la vida contemplativa es la contemplación de la verdad -en este sentido es que ahora hablamos de la vida contemplativa-; y digo de la verdad increada según el modo en que ello es posible para el contemplativo: la verdad increada, por cierto, sólo imperfectamente es contemplada en esta vida pero, en la vida futura, la veremos de manera perfecta. Por esta razón también dice Gregorio que |
Responsio. Dicendum, quod contemplativa et activa vita ad invicem fine et materia distinguuntur. Materia namque activae vitae sunt temporalia, circa quae humanus actus versatur; materia autem contemplativae sunt rerum scibiles rationes, quibus contemplator insistit. Et haec materiae diversitas provenit ex diversitate finis: sicut et in omnibus aliis materia secundum finis exigentiam determinatur. Finis enim contemplativae vitae est inspectio veritatis, prout nunc de vita contemplativa agimus; veritatis, dico, increatae secundum modum possibilem contemplanti: quae quidem in hac vita imperfecte inspicitur, in futura autem videbitur perfecte. Unde et Gregorius dicit, quod contemplativa vita hic incipitur, ut in caelesti patria perficiatur. Sed activae finis est operatio, qua proximorum utilitati intenditur. In actu autem docendi invenimus duplicem materiam, in cuius signum etiam actus docendi duplici accusativo coniungitur. Est, siquidem, una eius materia res ipsa quae docetur, alia vero cui scientia traditur. Ratione igitur primae materiae, actus doctrinae ad vitam contemplativam pertinet, sed ratione secundae pertinet ad vitam activam. Sed ex parte finis doctrina solummodo ad vitam activam pertinere invenitur, quia ultima materia eius, in qua finem intentum consequitur, est activae vitae materia. Unde magis ad activam vitam pertinet quam ad contemplativam, quamvis etiam aliquo modo ad contemplativam pertineat, ut ex dictis patet. |
| De veritate, q. 11 a. 4 ad 1 (arriba) | |
|
A LO PRIMERO, la vida activa declina con el cuerpo por el hecho de que se ejerce con trabajo y socorre las debilidades del prójimo, según dice Gregorio [en la misma Homilía] en ese mismo lugar: |
Ad primum ergo dicendum, quod vita activa secundum hoc cum corpore deficit, quod cum labore exercetur, et subvenit infirmitatibus proximorum; secundum quod Gregorius ibidem dicit, |
| De veritate, q. 11 a. 4 ad 2 (arriba) | |
|
A LO SEGUNDO, Gregorio, en el mismo lugar, dice: |
Ad secundum dicendum, quod Gregorius, ibidem, dicit, |
| De veritate, q. 11 a. 4 ad 3 (arriba) | |
|
A LO TERCERO, la visión del que enseña es principio de la enseñanza pero la enseñanza en sí misma más consiste en la transmisión de la ciencia de las cosas vistas que en la visión de ellas. Por eso, la visión del que enseña más pertenece a la contemplación que a la acción. |
Ad tertium dicendum, quod visio docentis est principium doctrinae; sed ipsa doctrina magis consistit in transfusione scientiae rerum visarum quam in earum visione: unde visio docentis magis pertinet ad contemplationem quam ad actionem. |
| De veritate, q. 11 a. 4 ad 4 (arriba) | |
|
A LO CUARTO, el argumento prueba que la vida contemplativa es principio de la enseñanza como el calor no es el calentar mismo sino principio del calentar; y hallamos que la vida contemplativa es principio de la activa en cuanto la dirige, así como, a la inversa, la vida activa dispone a la contemplativa. |
Ad quartum dicendum, quod ratio illa probat quod vita contemplativa sit principium doctrinae; sicut calor non est ipsa calefactio, sed calefactionis principium, invenitur autem contemplativa vita esse activae principium in quantum eam dirigit; sicut e converso activa vita ad contemplativam disponit. |
| De veritate, q. 11 a. 4 ad 5 (arriba) | |
|
A LO QUINTO, que la solución consta por lo dicho porque respecto de la primera materia la enseñanza conviene con la vida contemplativa, como se dijo. |
Ad quintum patet solutio ex dictis, quia respectu materiae primae doctrina cum contemplativa convenit, ut dictum est. |
| Textum Leoninum Romae 1972 editum ac automato translatum a Roberto Busa SJ in taenias magneticas denuo recognovit Enrique Alarcón atque instruxit © 2006 Fundación Tomás de Aquino |
|